En la era de las redes sociales, la nutrición se ha convertido en uno de los temas más expuestos y también más distorsionados de la vida cotidiana.
Basta con abrir las redes sociales para encontrar dietas milagrosas, retos extremos y consejos virales que prometen resultados rápidos, muchas veces sin ningún respaldo científico. En medio de tanta información, persisten mitos que no sólo confunden, sino que pueden afectar la salud física y emocional de las personas.
Para Cristina Tonos, nutrióloga clínica de los Centros de Diagnósticos y Medicina Avanzada y de Conferencias Médicas y Telemedicina (CEDIMAT), uno de los más arraigados es la idea de que para hacer dieta hay que pasar hambre. Durante años se ha asociado la pérdida de peso con la restricción severa de alimentos, como si el sacrificio constante fuera sinónimo de éxito.
La realidad es muy distinta, ya que una alimentación saludable debe cubrir las necesidades del organismo, generar saciedad y, al mismo tiempo, permitir un déficit calórico moderado cuando el objetivo es bajar de peso.
Sentir hambre de forma constante suele ser una señal de que la dieta está mal planificada, es excesivamente restrictiva o carece de los nutrientes necesarios. Incorporar frutas, verduras, granos integrales y proteínas magras permite comer mejor, no menos.
Los carbohidratos
Otro mito frecuente es que los carbohidratos engordan. Este grupo de alimentos ha sido injustamente señalado como el enemigo número uno de la dieta. Sin embargo, los carbohidratos son la principal fuente de energía del cuerpo y resultan esenciales para el funcionamiento del sistema nervioso y el rendimiento físico.
El problema no está en consumir carbohidratos, sino en la calidad y la cantidad. No es lo mismo un plato de arroz integral o legumbres que productos ultraprocesados cargados de azúcares refinados. Una alimentación equilibrada incluye carbohidratos, proteínas y grasas en proporciones adecuadas.
Saltarse las comidas
Saltarse comidas para adelgazar es otra práctica común que, lejos de ayudar, puede resultar perjudicial. Omitir alimentos durante el día puede ralentizar el metabolismo y generar descontrol en el apetito, ansiedad y episodios de atracones.
Comer de manera regular favorece una mejor regulación del hambre, mejora la relación con la comida y permite distribuir los nutrientes de forma más equilibrada a lo largo del día.

Las grasas, por su parte, han sido durante décadas catalogadas como dañinas. Hoy se sabe que no todas son iguales. Las grasas saludables, presentes en alimentos como el aceite de oliva, el aguacate, los frutos secos y los pescados, cumplen funciones esenciales: protegen el corazón, ayudan a absorber vitaminas y contribuyen a la salud de la piel. El punto clave está en la moderación, ya que, aunque saludables, son densas en calorías.
‘Light’ o de dieta
También existe una falsa sensación de seguridad alrededor de los productos “light” o “de dieta”. Muchas personas asumen que estos alimentos son automáticamente saludables, cuando en realidad algunos contienen altos niveles de sodio, edulcorantes artificiales o aditivos que no aportan beneficios nutricionales reales. Leer las etiquetas y priorizar alimentos naturales y mínimamente procesados sigue siendo la recomendación más acertada.
Un gran temor
Comer de noche es otro de los grandes temores. Se repite con frecuencia que ingerir alimentos en horas nocturnas conduce inevitablemente al aumento de peso. Sin embargo, el cuerpo no engorda por la hora del reloj, sino por el balance total de calorías y la calidad de los alimentos consumidos durante el día. Una cena ligera y nutritiva no es un problema; el exceso constante, sí.
Finalmente, las populares dietas ‘détox’ prometen limpiar el cuerpo de toxinas, pero el organismo ya cuenta con sistemas altamente eficientes para hacerlo: el hígado, riñones y otros órganos cumplen esa función de manera natural. No se necesitan jugos extremos ni ayunos prolongados para lograr desintoxicarse.
Alimentación
— El balance
Una alimentación balanceada, rica en frutas, verduras y una adecuada hidratación es suficiente para apoyar estos procesos.
Construir hábitos sostenibles
En un mundo saturado de información, tomar decisiones basadas en evidencia científica es un acto de autocuidado. Consultar a profesionales de la salud y educarse en nutrición permite desmontar mitos, evitar prácticas dañinas y construir hábitos sostenibles.
Comer bien no se trata de prohibiciones ni de extremos, sino de equilibrio, conciencia y bienestar a largo plazo.