¡Me acordaba!

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En una noche calurosa de este típico verano caribeño… no podía dormir y esta situación me llevó a sentarme en un sillón sin pegar un ojo.

En un ambiente claro oscuro, por los rayos de la luna que se reflejaban por la ventana, reflexionaba por muchas cosas: país, familia, trabajo, finanzas, etcétera. Empezaba a sentirme cansado y me preguntaba porqué estaba despierto a esa hora.

Lo primero que se me ocurrió fue mantener la calma, esto me llevó a descubrir y comprender lo que tenía que hacer, ponerme a meditar en Dios.

Y comencé a clamar a Dios, me acordé de Él, y dije ¡tú eres maravilloso Dios!, porque das tranquilidad a los pensamientos que nos agobian. Tú habitas con el quebrantado y humilde de corazón.

Como dice el salmista en salmos 77:3-4 “Me acordaba de Dios, y me conmovía; me quejaba, y desmayaba mi espíritu. No me dejabas pegara los ojos; estaba yo quebrantado, y no hablaba…”.

Cuando experimentes esa noche en la que nunca llega el amanecer, te aconsejo que comiences a buscar a Dios y encontrarás descalzo a tu cuerpo, alma y espíritu.

Meditemos sobre todas sus obras, pues Dios es grande. Es bueno tomar en cuenta al Señor, vendrán pensamientos correctos y tendrás más ánimo para el próximo día.

Es increíble tener una relación con Dios, pues se tienen enormes beneficios. En momentos de soledad, desesperación, desvelo, en esas noches o días difícil, busca a Dios y él te encontrará, y será como ríos de agua viva a tu alma.

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El Día

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