Los universitarios dominicanos con mayor dependencia de la inteligencia artificial mostraron niveles más altos de procrastinación académica, aunque esa dependencia no presentó diferencias significativas en el pensamiento crítico.
La facilidad de recurrir a la inteligencia artificial para resolver tareas académicas podría estar modificando no solo la manera de estudiar, sino también el momento en que algunos jóvenes deciden comenzar sus trabajos.
Un estudio de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM), realizado con 806 estudiantes universitarios dominicanos, encontró que la procrastinación aumentaba progresivamente a medida que se elevaba la dependencia de estas herramientas.
La investigación, titulada Perfiles latentes de dependencia a la inteligencia artificial en universitarios: relación con la procrastinación académica y el pensamiento crítico, fue desarrollada por Jairo Espinal-Martínez y Leuny Ortiz-González, junto con las egresadas Jennifer Hernández, Karla de los Santos y Ana María Quiñones.
Los investigadores identificaron tres perfiles: 55.4 % presentó baja dependencia de la IA; 32.5 %, dependencia moderada; y 12.1 %, alta dependencia.
Postergar con la IA
Uno de los resultados que más llama la atención es el comportamiento de los estudiantes clasificados dentro del grupo de alta dependencia.
Mientras quienes mostraron baja dependencia registraron los menores niveles de procrastinación, los universitarios con alta dependencia presentaron los niveles más elevados.
Espinal plantea una posible explicación: algunos estudiantes podrían estar incurriendo en una especie de “postergación estratégica”.
“Los resultados sugieren que, en algunos casos, la inteligencia artificial podría facilitar una forma de ‘postergación estratégica’, en la que los estudiantes retrasan el inicio de sus tareas al anticipar que podrán delegar parte del trabajo cognitivo en estas herramientas cerca de la fecha límite de entrega”, explicó.
El perfil de alta dependencia presentó además una mayor necesidad de validación constante por parte de la IA y una percepción más intensa de que la tecnología puede sustituir capacidades propias.
En el grupo de dependencia moderada apareció como característica distintiva el temor a que estas herramientas terminen reemplazando habilidades personales.
Pensamiento crítico permanece
La investigación encontró, sin embargo, un resultado que introduce un matiz importante en el debate sobre el uso de inteligencia artificial en las universidades: el pensamiento crítico no mostró diferencias significativas entre los tres perfiles estudiados.
Esto significa que, según estos resultados, una mayor dependencia de la IA no puede relacionarse de manera directa e inmediata con una disminución del pensamiento crítico.
Los investigadores consideran que esa relación podría depender de otros factores, entre ellos la procrastinación, la fatiga cognitiva o la tendencia a descargar determinados procesos mentales en herramientas tecnológicas.
Los hallazgos también muestran que la mayoría de los universitarios estudiados mantiene una baja dependencia de estas tecnologías. Sin embargo, existe un grupo menor que presenta señales que podrían requerir mayor atención, especialmente por su relación con la procrastinación académica.
A partir de estos resultados, los investigadores plantean la necesidad de que las universidades desarrollen estrategias para fomentar un uso responsable de la inteligencia artificial mediante autorregulación, alfabetización crítica y acompañamiento académico, en lugar de reducir la discusión a permitir o restringir estas herramientas.
El estudio fue presentado durante el XXI Congreso Internacional de Investigación Científica organizado por el Ministerio de Educación Superior, Ciencia y Tecnología (MESCyT), con sede en la PUCMM.
leídas