Mamá: “Ahora soy grande”

Dilenia Cruz
Dilenia Cruz

En el corazón de muchos adultos vive una herida silenciosa: el dolor de no haberse sentido amados, protegidos o valorados por su madre. Es un vacío difícil de explicar.

A veces se manifiesta como tristeza; otras, como enojo, resentimiento o una constante sensación de abandono. Y cuando mamá ya ha trascendido, el dolor puede sentirse aún más profundo, porque parece que nunca hubo oportunidad de sanar, hablar o recibir ese abrazo que tanto se necesitaba.

Sin embargo, detrás de esa madre también existió una niña. Una niña con carencias, heridas, miedos y emociones que quizás nunca aprendió a gestionar. Muchas madres hicieron lo mejor que pudieron con las herramientas emocionales que tenían, aunque eso no haya sido suficiente para llenar las necesidades afectivas de sus hijos.

Reconocer esto no significa justificar el dolor vivido. Tus sentimientos son válidos. Si te sentiste traicionado, invisible o poco cuidado por quien debía protegerte, ese dolor merece ser mirado con amor y respeto.

Desde las constelaciones familiares, la sanación comienza al reconocer que la vida llegó a ti a través de mamá. Y aunque la relación haya sido difícil, hoy, como adulto, puedes decidir hacerte cargo de ti mismo. Puedes elegir dejar de vivir únicamente desde la herida y comenzar a convertirte en la persona que te cuida, te mima y se acompaña con ternura.

Este Mes de las Madres puede ser un tiempo para hacer las paces con ese dolor que cargas en silencio. Si estas listo: respira lentamente. Siente el aire entrar y salir de tu cuerpo. Y desde el amor hacia ti mismo, repite:
“Sí, tomo la vida tal cual me fue dada y hoy decido hacer lo que es mejor para mí y mi destino. Gracias, gracias, gracias”.

Recuerda que hay acompañamiento disponible para a caminar en tu proceso.

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