Madre y ejecutiva: cómo logró equilibrar la maternidad, el trabajo y la familia sin perderse a sí misma
- Entre la crianza de tres hijos, retos personales y responsabilidades laborales, Giselle aprendió a construir equilibrio, disciplina y resiliencia en cada etapa de su vida.
Es una trabajadora incansable. Ama su profesión y disfruta trabajar con su equipo, pero en medio de todo ese ajetreo del día a día siempre encuentra el balance para sacar tiempo de calidad para sus tres hijos, su progenitora y sus amigas.
Se convirtió en madre por primera vez siendo una joven de 22 años, y eso para ella fue una felicidad plena, porque, aunque no era algo que estaba buscando, su corazón aceptó esa noticia con mucha ilusión y hoy sus hijos son su mayor bendición.
“Yo puedo lograrlo”
Por lo regular luego del matrimonio se esperan los hijos con ansias y poco a poco las mujeres se van preparando para convertirse en madres. En el caso de Giselle, asumir este rol fue una sorpresa que aceptó y desempeñó con un corazón que anhelaba dar ese amor de madre, aunque aquella mujer no se sintiera lista.
“Realmente fue un verdadero reto. Un cambio, porque prácticamente yo era una niña; me veo hoy y pienso: Giselle «¿Cómo tú pudiste hacerlo?». El hecho es que yo siempre me he trazado objetivos, ser una buena abogada, una buena amiga, y al saber que estaba embarazada mi objetivo era ser buena madre”, comenta.
A los pocos meses se enteró de un nuevo embarazo. Aquí sufrió un bajón, porque se preguntaba cómo se iba a hacer con dos bebés, una de un año y otro de meses.
“Eso sí fue traumático para mí, empecé como dicen literalmente a ‘ guayar la yuca’ Porque Gia no tenía ni un año, y entonces nació Omar el sexo opuesto, y tú sabes que los varones son mucho más demandantes emocionalmente que las hembras en los primeros días, fue un verdadero reto. Sin embargo, creo que esa fue una piedra angular para que en lo adelante yo no volviera a tener ese temor, ese miedo a enfrascarme en cualquier proyecto”.
Al nacer su tercera hija, Giselle pasaba por el proceso de separación con el padre de sus hijos, embarazo que la tomó emocionalmente en el piso, pero con la certeza de que su niña era alegría en medio de tantos vaivenes.
“Andrea, la pequeña, nació en un momento un poquito difícil, ya me estaba separando y con el ajetreo de los niños, pero ella fue literalmente una bendición de Dios”, sostiene.
La importancia del apoyo familiar en la crianza y la maternidad
Una parte fundamental que destaca, es el apoyo recibido por sus familiares y amigos.
“Durante un periodo quizás de dos o tres años, ahí obviamente yo estaba a cargo de los niños, fue muy difícil, pero el amor, mi experiencia de ser madre previamente, y el sistema de apoyo que yo tenía en ese momento: los abuelos de los niños y mis amigas, fueron clave para mí”.

Para ella, saber que contaba con esas personas tan cercanas e importantes, que valoraban y cuidaban a sus niños con tanto amor y esmero, le ayudó a sobreponerse más rápido.
“Realmente eso me ayudó a salir adelante y hoy puedo decir: eso fue una resiliencia total. Tú caer, darte duro, levantarte y hacer tu trabajo excelente, eso es algo que siempre lo tengo presente”.
Una de las etapas que recuerda como más difícil fue la adolescencia de sus hijos, sin embargo, resalta que el apoyo del padre de ellos jugó un papel fundamental durante esa etapa.
“De la niñez, la adolescencia y adultez, para mí la más difícil fue la adolescencia. Ahí su papá desempeñó un papel fundamental para el crecimiento emocional y profesional de mis hijos”.
Una cualidad que la engrandece como mujer y madre es reconocer que el padre de sus hijos fue y es parte esencial en la vida de ellos.
“Ha sido beneficioso mi relación con su papá que, aun siendo divorciados, somos padres de tres adultos y profesionales íntegros. La crianza no recae únicamente en la madre, sino que tú también tienes que involucrar a tu pareja, el padre o quien sea, pero tienen que hacerlo porque si es un muy difícil hacerlo sola, no te digo que no se puede lograr porque esa es la mentalidad que debes tener, pero una mano ayuda, un apoyo, siempre es necesario”.
El reto de equilibrar hijos, trabajo y tiempo personal
Al momento de Giselle convertirse en madre, ya era abogada de profesión y trabajaba. Sin embargo, la maternidad le permitió aprender lecciones que pudo mezclar con su trabajo.
Lo más difícil de ajustar fue el tiempo, pues siempre andaba de aquí para allá, porque estuvo presente para sus hijos y no faltó en sus responsabilidades de la empresa.
“El tú tener que equilibrar tu horario laboral con el horario de tus hijos, fue el verdadero reto. Yo tenía que salir del trabajo a buscar calificaciones, que si a un cumpleaños, que un trabajo que había que entregar, no fue fácil, pero lo logré”.
Aquí enfatiza que tener un chofer en esos tiempos no era una cuestión de lujo, sino una necesidad logística que tuvo que asumir.
“Lograr esa rutina de madre trabajadora y de cumplir con mis hijos, definitivamente fue mejor gracias a mi personal de apoyo, un chofer y una buena nana”.
Las enseñanzas que quiso transmitirles a sus hijos desde pequeños
El tiempo de calidad para Giselle era algo importante, entendía que no era el hecho de pasar largas horas con ellos, sino que, si apenas eran 20 minutos, ese tiempo era indispensable; para enseñarles disciplina y una buena educación desde el hogar.
“Es bueno resaltar que una buena disciplina balanceada es necesaria en la etapa temprana de la niñez. En ese tiempo del almuerzo yo los ponía a que aprendieran cómo utilizar los cubiertos, a servirse, cómo sentarse en una mesa, todo en los 20 minutos que yo pasaba con ellos almorzando”.
Puntualiza que uno de los hábitos que poco a poco fue inculcando en ellos, fue el amor por la lectura y la fe en Dios, ya que cada noche los ponía a leer y orar.
“Te puedo decir que la disciplina de los roles es necesaria. Ser madre tiene su tiempo; ser ejecutiva tiene su tiempo; ser mujer tiene su tiempo. Sí, tú puedes cumplir los diferentes roles como mujer que se te brinden, pero tienes que saber subdividir y priorizar cuál es el más importante. Para mí siempre ha sido ser madre”.
Giselle ama hablar sobre su rol como madre, y agradece el hecho de que en su empresa le brindaran el apoyo necesario para ella desempeñar su profesión y ser madre al 100.
“Mis hijos corrían en el pasillo de AES. Yo creo que todo el mundo vio el crecimiento de mis hijos. Por ejemplo, mi jefe actual Edwin, compartió con mis hijos desde cuando eran chiquitos, los vio crecer totalmente”.
Lo que aprendió sobre maternidad, resiliencia y amor familiar
Al preguntarle sobre qué fue lo más frustrante para ella, asegura que la lactancia, por el hecho de que antes no existían todos los buenos recursos que existen ahora; sobre lo más hermoso de la maternidad, dice entre una mezcla de nostalgia y alegría, que todo el proceso.
“El amor de madre es algo… el hecho de verlos crecer, esa resiliencia que tuvieron los niños durante el proceso del divorcio, eso me llena de orgullo total, a mí y a su papá”.
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