En los actuales momentos Colombia está inmersa en su contienda electoral presidencial, que culmina con las votaciones del próximo 30 de mayo.
El actual presidente, Álvaro Uribe, está terminando su segundo periodo consecutivo. A pesar de que goza de una inmensa popularidad y respeto, aún de sus adversarios, la Corte Constitucional colombiana ha dictado prohibición de reelección.
Habiendo sido aceptadas estas disposiciones galantemente, surge un vacío político.
El proceso electoral arrancó teniendo como candidatos principales a Juan Manuel Santos ,del PSUN (partido oficialista), y Noemi Sanin, del Partido Conservador, entre varios más. Pero el fenómeno sin dudas ha sido el de los tres tenores.
Amparados bajo un minúsculo partido, el Partido Verde Opción Centro, se aglutinaron tres ex alcaldes de Bogotá, que de manera sucesiva habían ocupado esa posición con gran coherencia e institucionalidad, aún proviniendo de partidos políticos diferentes.
De unas primarias surgió Antanas Mockus en primer lugar, seguido de Enrique Peñalosa y Luis Eduardo Garzón.
A los tres se les reconoce la modernización de Bogotá y un manejo prudente de recursos.
Como vicepresidente en la fórmula del Partido Verde se escogió a Sergio Fajardo, anterior alcalde de Medellín, próspera segunda ciudad de Colombia.
La fórmula de los tres tenores, al amparo del Partido Verde arrancó en enero con un 3 por ciento de popularidad versus un 37 por ciento para el candidato del oficialista del PSUN.
Las últimas encuestas ubican a esta fórmula por encima del 25 por ciento.
Si se uniese en una segunda vuelta el PSUN y el Partido Conservador, pudiera haber una sorpresa en Colombia.
Los políticos del país deben observar con suma atención e interés el fenómeno de los tres tenores verdes, no porque ello pueda ocurrir en la República Dominicana, sino porque la ausencia de un líder fuerte y carismático destapa una olla de enormes posibilidades para el electorado, siempre que sus políticos dejen las cherchas y ganen méritos para ello.