Los premios de la ACD
Siempre he enarbolado como principio ético que el periodista no debe ser parte de la noticia.
Aún así, como presidente de la Asociación de Cronistas Deportivos (1992-96) no pude influir en la erradicación de los premios Cronista del Año.
Todo lo contrario, con el tiempo los premios crecieron, se separaron de los atletas y tienen su ceremonial exclusivo. Otra vez la premiación de la ACD está en la calle, agrados y protestas se dejan sentir, de manera pública y privada. Aclaro, a redes y programas, hace años nada tienen que ver los expresidentes con la selección. Es tarea el Ejecutivo.
Hay que ser miembro de la ACD para optar por los premios y supe que esta vez ciertas omisiones notables se deben a razones técnicas de cronistas que no han cumplido con ciertos deberes institucionales que sirven de prerrequisitos.
El tema es engorroso, pero opto por no evadirlo. Si me nominan voy y si no, también. En la ACD me siento representado. Ah, también como acedeísta tengo derecho a considerar que fue un error dejar fuera de competencias las páginas de este diario representadas por su editor deportivo y su esforzado personal, que cumple el rol de informar bien.