Los mismos problemas
*Por Dionisio Soldevila
Muchas veces damos por sentado lo que tenemos y en otras, solo nos quejamos de las cosas que nos suceden, pretendiendo creer que solo suceden en nuestro país.
¿Cuántas veces ha usted leído en alguna red social la expresión ‘Solo en RD’, como si la única nación con problemas fuera la nuestra?
La semana pasada estuve visitando a mi hermana María Isabel y su familia en Bruselas, la capital de Bélgica, donde reside desde hace casi una década y me topé con una serie de cosas que me hicieron recordar mucho a Santo Domingo, aunque de una manera algo diferente.
No, en Bélgica no se va la luz, al menos no mientras estuve allá. Pero, cada cuanto metro encuentras en las calles fundas de basura que no son recogidas porque el sindicato de trabajadores del ayuntamiento se encontraba en huelga.
Estamos hablando de Bruselas, la capital de la Unión Europea, donde se aloja el parlamento de ese poderoso bloque de naciones, muchos de ellos del G7.
Bélgica es una monarquía parlamentaria en la que el rey Phillipe pinta muy poco, pero el primer ministro de extrema derecha Bart de Wever, que gobierna desde el 3 de febrero del 2025, no se lleva muy bien con los sindicatos.
Por eso, en uno de los países más desarrollados del mundo, las huelgas de maestros están a la orden del día, al igual que las de transporte urbano e interurbano y hasta los aeropuertos.
¿Qué reclaman ellos? Lo mismo que en el tercer mundo: mejores servicios en los hospitales, mejores salarios, mejores pensiones y que el gobierno cumpla con indexar los salarios. ¿Les recuerda en algo esa última parte a la República Dominicana?
A De Wever no le importa mucho lo que hagan los sindicatos. El no coge ese corte, como diríamos por estos predios. En eso difiere del actual gobierno quisqueyano, muy susceptible a las críticas, pero se parece bastante a algunos del pasado.
A pesar de tener problemas similares, no me topé con ningún motorista yéndose en rojo a pesar de que no vi un solo policía de tránsito en ninguna esquina, mucho menos controlando los semáforos que funcionan.
Me disculpan si ofendo a alguien al comparar un país con cinco veces el PIB que el nuestro, pero cuyos ciudadanos reclaman cosas parecidas.
Gracias Mari, Philippe, Julien y Adrien por recibirme esos siete días que estuve de vuelta en Bélgica, 28 años después de mi primera visita a ese país.
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