- Publicidad -

- Publicidad -

Los espejismos de la felicidad

Yovanny Medrano Por Yovanny Medrano

Nos han vendido rutas brillantes hacia la felicidad, como si bastara seguir señales para alcanzar la plenitud, pero muchas de estas sendas no son caminos, sino espejismos que desaparecen en cuanto los pisamos. Son promesas con brillo de neón, pero con alma vacía.

A continuación les enumero algunos de esos encantamientos modernos, tal vez de esta manera puedan identificarlos y no sucumbir ante ellos.

1. La felicidad del consumo

Nos susurraron que seríamos felices si adquiríamos más. Que el objeto correcto, la marca deseada, el último avance, serían la llave. Pero lo que se compra se desvanece. Su fulgor es breve, como el destello de una luciérnaga en medio del desierto.

El mercado nos promete eternidad en cosas efímeras, sabiendo que la insatisfacción es su mayor aliada.

2. La felicidad del reconocimiento

Vivimos buscando la mirada del otro, como si sólo existiéramos cuando alguien nos observa. Aplausos, seguidores, validaciones que se evaporan como humo. Pero quien pone su valor en los ojos ajenos, se condena a la ceguera interna.

La aprobación pública es una limosna emocional: nunca sacia, sólo anestesia.

3. La felicidad del éxito

El éxito moderno es un dios hambriento. Se alimenta de metas, productividad, estatus… y siempre exige más. Nos dicen: “cuando llegues, sabrás”. Pero nunca se llega. La cima se aleja mientras ascendemos, y el alma -silenciosa y olvidada. va dejando rastros de sí misma en cada peldaño.

¿De qué sirve conquistar el mundo si se pierde el asombro?

4. La felicidad de la positividad tóxica

“Sonríe, agradece, todo está bien.” Una cárcel disfrazada de mantra. Nos obligan a vestir alegría mientras dentro llueve. Pero la felicidad auténtica no niega la sombra, la atraviesa. No exilia el dolor, lo escucha.

Recuerda que sólo quien ha habitado la noche, reconoce de verdad la luz.

5. La felicidad del control

Nos entrenaron para planearlo todo, para dominar cada variable. Nos hicieron creer que el orden absoluto era sinónimo de paz. Pero la vida es río, no represa. En el intento de controlarla, la desfiguramos.

La felicidad verdadera no nace del control, sino de la rendición ante lo inesperado.

6. La felicidad como mandato

Hoy no ser feliz parece un delito. Se patologiza la tristeza, se silencia la vulnerabilidad. Se nos exige sonreír incluso cuando el alma pide silencio. Pero la felicidad no puede ser obligación: es una flor silvestre, no un trofeo.

Cuando se impone como deber, deja de florecer.

Estos caminos no son falsos por lo que ofrecen, sino por lo que prometen. Son fragmentos, no totalidad. Reflejos, no fuente. Son la superficie de algo más hondo que no puede comprarse, ni medirse, ni ordenarse: sólo vivirse.

Etiquetas

Yovanny Medrano

Ingeniero Agronomo, Teologo, Pastor, Consejero Familiar, Comunicador Conferencista, Escritor de los Libros: De Tal Palo Tal Astilla, y Aprendiendo a Ser Feliz

Artículos Relacionados