La ruta del mango
En palabras del más famoso versificador dominicano, que vivió poco más de dos tercios del siglo XIX y un quinto del XX, el mango es una fruta grata que en su tiempo daba al interesado la oportunidad de vérselas con las dificultades de coger el más coloreado en las ramas altas, o el menos vistoso de las bajitas.
Para un comensal de estos tiempos, en cambio, las dificultades para regalarse con una de tantas vistosas variedades de esta fruta pasan por tener, o no, el efectivo que se necesita para comprarle al pregonero o detenerse en el puesto de frutas de cualquier calle de pueblo o de ciudad.
En los tiempos de Juan Antonio Alix, que escribió “Los mangos bajitos”, parece improbable que esta fruta fuera objeto de cultivo con fines comerciales, por lo menos en el país.
Hoy día la realidad es diferente, como lo muestra cada año la vistosa feria del mango de Baní, en la que se dan cita visitantes, productores y compradores en un ambiente festivo, y las cifras y aspiraciones que salen a la luz a propósito de la celebrada exposición.
Miles de personas deben de haber estado desde mediados de la semana pasada hasta el domingo como visitantes en el lugar escogido esta vez para la presentación de las muestras de una vigorosa producción de este año.
¿Por qué Baní? Digamos que por tradición, por condiciones ambientales y por el espíritu del banilejo, inclinado al comercio.
Según datos de los organizadores de la muestra, el país tiene hoy día unas 150 mil tareas sembradas de mango y unos 2 mil cien productores con las condiciones para exportar.
De entre ellos los hay, por cierto, que abogan por la industrialización de la fruta, de manera que las exportaciones no sean sólo de mango, sino de productos derivados que aportarían valor a este cultivo.
Los productores aspiran a que el Gobierno los apoye en esta ruta, la de la industrialización. Ojalás los escuchen.