La Paz.-La OEA concluyó ayer su asamblea general en medio de una crisis interna y fuertes críticas desde los países del ALBA que provocaron el retiro anticipado de la representante de Estados Unidos tras la dura arremetida del único mandatario invitado, el ecuatoriano Rafael Correa.
La cita se desarrolló con la presencia de 16 cancilleres y representantes de 34 países, las ausencias más notorias fueron de la secretaria estadounidense Hillary Clinton y del canciller de Brasil, Antonio Patriota.
La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y la Corte Interamericana de Derechos Humanos fueron blanco de duras críticas del presidente anfitrión Evo Morales, de Correa y de representantes de Venezuela y Nicaragua, socios de la Alternativa Bolivariana para las Américas (ALBA), quienes acusaron a la OEA y a esos dos órganos de actuar como instrumentos de Washington para torpedear a gobiernos izquierdistas de la región.
La encargada de la diplomacia estadounidense para América Latina Roberta Jacobson no alcanzó a pronunciar su discurso, que fue leído por la embajadora estadounidense Carmen Lomellin, quien anticipó que la declaración de la OEA optará por continuar la conversación sobre el fortalecimiento de la Carta Democratica Interamericana hasta alcanzar un documento que garantice la autonomía e independencia de la CIDH.
La representante estadounidense cuestionó que los esfuerzos se hayan concentrado más en debilitar el sistema interamericano que en fortalecerlo.
Jacobson dijo que el ALBA trata de imponer su línea haciendo ver que hay una división al interior de la OEA.
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