La amistad como paradigma
Es común en mis clases de ética que cuando señalo la superioridad de la amistad a cualquier otra relación (paternidad, esposos, etc.) algunos cuestionen mi criterio.
La amistad ha venido a menos en la cultura actual. Se insiste tanto en la utilidad de todo bien o relación que la gratuidad ha pasado a ser un gesto ingenuo, por otra parte se presenta la amistad cuando así se habla de una relación – como elemental empatía ocasional.
Podríamos citar a Aristóteles y su defensa de la amistad como relación superior entre iguales, pero quedarían fuera las mujeres y todo el que no hablara griego.
¡Qué difícil es citar los clásicos! Alfredo Rubio en la Carta de la Paz y otros textos demuestra cómo la amistad es la relación privilegiada entre todos los que existimos, y que la existencia es el valor fundamental sobre el cual cualquier otro valor se construye.
En Humanae Vitae, Pablo VI expone en un bello párrafo la relación de pareja como amistad.
Del matrimonio dice Es un amor total, esto es, una forma singular de amistad personal, con la cual los esposos comparten generosamente todo, sin reservas indebidas o cálculos egoístas. Quien ama de verdad a su propio consorte, no lo ama sólo por lo que de él recibe sino por sí mismo, gozoso de poderlo enriquecer con el don de sí.
Quien agrede a su esposa, a su amiga, no merece ser considerado amigo, ni siquiera merece nuestro saludo.