Haití se vistió de colores
Puerto Príncipe, desde lo alto es de dos colores que demuestran la cruda realidad y la miseria de los sobrevivientes al terremoto que arruino esta capital, y a pesar del tiempo y las promesas todo esta peor.
¿Cómo está Puerto Príncipe en estos momentos?
Esperando una ayuda que parece se perdió en el camino, mientras carpas de color azul y naranja son los hogares de la mayoría de las familias, miles de personas que venden en las calles cualquier cosa que se les ocurre, block y cementos apilados en su lugar desde el día de la tragedia, todo tipo de desechos por todos los lados, caos en el transporte, carente de las necesidades básicas y como si fuera poco impera el miedo a una manifestación que atente contra la poca tranquilidad de las personas.
En mis visitas a Puerto Príncipe no me ha tocado encontrarme con manifestaciones violentas, que según algunos testimonios están siendo frecuentes por la poca voluntad del Estado para salir al frente y dar la cara a su país y emprender la marcha en busca de mejoría.
Pero todo preocupa en Haití, en busca de alguna respuesta a la ansiedad con que sobreviven estas personas, entrevisté a varios extranjeros de diferentes embajadas, y todos coinciden en la inseguridad, inestabilidad y precariedades en las que se encuentran desde el día del terremoto.
Admirable ver la voluntad y la valentía de tantos extranjeros que trabajan día y noche por ayudar ese país, cumpliendo con su deber y con la misión que le concede su gobierno de colaborar por la causa a pesar de tantas limitaciones e incertidumbre.
Solo queda decir que mientras se convoca para una cumbre, se realizar y se toman su tiempo para analizar las propuestas, hay un pueblo que espera y desespera sangrando por la herida, situación que de estallar pone en peligro la vida y seguridad de tantos hombres, mujeres y niños que viven en calles y terrenos vacios, además la mayoría de los presidentes que allí se reúnen tiene el deber y el compromiso de velar por la seguridad de su gente.
El presidente Leonel Fernández Reyna tiene que abogar porque suceda el milagro de la reconstrucción de Haití por el bien, la tranquilidad y paz de nuestro país, y de continuar como hasta ahora, pues los días pasan, la miseria aumenta y la desesperación sin límites estarían sometiendo a un pueblo a vivir sin esperanza. Mientras, la República Dominicana está obligada a cargar con una gran parte de un problema que no le pertenece.