Guía mi vida
Llegaron a la aldea adonde iban y él hizo como que iba más lejos. Mas ellos le obligaron a quedarse, diciendo:
Quédate con nosotros, porque se hace tarde y el día ya ha declinado. Entró, pues, a quedarse con ellos. Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista. Lucas 24:28-31
Este relato bíblico me recuerda los días en que el vigor juvenil afloraba mi vida, participaba en un ejercicio de supervivencia en la Cruz Roja.
Los ejercicios se desarrollaron en un bosque. Luego de estar caminando por media hora en el bosque comencé a experimentar una sensación de soledad tremenda, no escucho el caminar de los demás compañeros
hay un vacío, esto es una mala señal; mientras voy caminando, el bosque va enmarañándose de forma que pierdo todo sentido de orientación, hasta que me detengo y empiezo a ser consciente de que estoy solo.
El primer síntoma es un nerviosismo y me desespero comienzan toda clase de pensamientos.
Luego de veinte minutos, más tarde, cansado, deteriorado a conciencia y pensando en cómo iba a salir de allí, de repente aparece como de sorpresa mi líder, para decirme que él había estado todo el tiempo junto conmigo y que me esta observando.
Esto te enseña que hay momentos en nuestras vidas que experimentamos una sensación de soledad o de preocupación, pero lo que quiero decirte es que Cristo ha resucitado, está vivo y quiere caminar contigo.
¡Qué maravilla! ¡Qué experiencia!, él no te deja solo en ningún momento de tu vida, no importa tu situación, hoy puedes entrar en diálogo con Jesús escuchando su palabra.