Gobierno en crisis: Soledad y síndrome de hubris

Aneudy De León M
Aneudy De León M

Por: Aneudy De León M

El Gobierno del presidente Luis Abinader —y no se si llamarlo totalmente del PRM, por razones obvias— se ha enfrentado, sobre todo en su segundo mandato, y se enfrenta actualmente, a muchos desafíos y crisis en días por venir. ¡Para muestra un botón!

Esta crisis socio-mediática del proyecto minero “Romero” de la provincia San Juan —concesionado a la empresa canadiense GoldQuest Mining Corp., entre los años 2005 y 2010— y que con el anuncio del presidente pretende ser subsanada, es solo una de tantas donde el gobierno requiere y ha requerido de la defensa de sus mejores voceros y exponentes: aquellos que tengan credibilidad política y social, no los mismos del gobierno que, usualmente, cuando los gobiernos se desgastan naturalmente con el tiempo, la sociedad no les presta atención, ni la confianza suficiente como en sus inicios: literalmente, no les cree.

Me refiero al liderazgo partidario alternativo: no los mismos de siempre que son también miembros del gabinete, y su función de juez y parte, por efecto natural, los inhabilita ante la sociedad.

Pero, el problema neurálgico no es que se pierda credibilidad en la sociedad lo cual lacera la gobernabilidad democrática y el buen posicionamiento de un considerado “buen gobierno”, como el que nos honramos tener bajo la dirección del presidente Abinader, al menos, en comparación con lo que teníamos antes.

No. No es ahí que radica el problema clave y riesgoso. La dificultad está en que ellos (los compañeros que gobiernan) se sienten “tan autosuficientes y súper-poderosos” que creen convincentemente que no necesitan ese liderazgo y activismo alterno que haga suyo las causas del gobierno sin pertenecer a él; sienten que no necesitan de nadie y que siempre tendrán la manera creativa, venturosa de salir a flote y permanecer ilesos de cada crisis porque ‘el poder lo puede todo’.

Sin embargo, los amigos del gobierno (parafraseando al presidente Luis Abinader cuando dice: ‘los amigos de la oposición’) olvidan que las municiones se acaban con el uso y el tiempo, pero también dejan de lado que el hartazgo social tiene siempre un punto de inflexión irremediable. Cuando se llega ahí, la suerte es ostensiblemente precaria, y ya no podemos alardear de ella. En política, la “suerte” que es lo mismo que la “fortuna” es un recurso finito, limitado en tiempo y espacio. Ya lo afirmaba Nicolás Maquiavelo al argumentar sobre la fortuna de los príncipes que es la mitad de las cosas que les permiten gobernar con éxito, pero así también decía que: “…el príncipe que confía ciegamente en la fortuna perece en cuanto ella cambia” (sic) — El Príncipe [Capítulo XXV].

De modo que, el orgullo, el ego y la falta de compromiso junto a la desconexión con la realidad y las bases del PRM, llevan a esas élites del poder a poner en riesgo no solo la credibilidad, confianza y estabilidad del gobierno, sino también a generar un clima de descontento progresivo con la marca-política que gobierna y pretende seguir haciéndolo más allá del 2028.

Esto es fundamentalmente crítico considerarlo y debe llevarnos a reflexión, sobre todo cuando en el próximo certamen electoral ya no tendremos al ciudadano presidente Luis R. Abinader Corona como candidato presidencial del partido oficial, sino un “liderazgo nuevo y sustituto” que deberá ganarse la confianza del pueblo dominicano y renovar el pacto social que fue logrado al ganarse las elecciones en medio de un clima peculiar en el año 2020; cosa que corre peligro cuando la marca-partido se debilita desde el gobierno, y pierde progresivamente la base social que lo sostuvo para llegar al poder.

De igual modo, ¿qué motivación puede haber para defender funcionarios y un gobierno que en vez de apoyar a sus dirigentes, líderes y militantes comprometidos (pero excluidos) lo que hacen es golpearlos, pagar sus esfuerzos con desdén, bloqueos, descréditos y maltrato? Ninguna. Ni siquiera la esperanza de ser tomados en cuenta al mantenerse el poder, porque, de hecho, es precisamente eso lo que se aleja con esta dinámica harakiriana.

En ese orden de cosas, el presidente Abinader, su entorno más cercano y parte de la élite gubernamental entienden que no necesitan más que los funcionarios a quienes se les han pagado sus caprichos, “méritos” y deudas políticas, pero los que se las han jugado desde siempre y hasta ahora no son vistos como parte de la solución, sino obstáculos para sus intereses, caprichos, egos y aspiraciones políticas. Craso error. Cuando más debe aplicarse la integración y la cohesión, lo que opera es la exclusión, y para colmo, de manera irracional, absurda y patética.

Este comportamiento es lo que una vez critiqué en quienes hoy ocupan la oposición política en la República Dominicana: el “Síndrome de Hubris”. Un estado mental, hasta cierto punto patológico, que hace sentir en aquellos que ejercen el poder, la autosuficiencia y superioridad necesarias para no pedir ayuda de nadie; un exceso de autoconfianza destructiva, narcisismo, desconexión de la realidad y desprecio de los aportes de los demás. Como fruto de ello, lo que humildemente estoy viendo con mi ojo clínico politológico —que rara vez falla— es un laberinto sin probable salida para un gobierno que corre el riesgo de quedarse solo en medio de un mar de convulsiones sociales y desafíos de gobernabilidad que no solo ponen en riesgo a los miembros de un partido gobernante, sino a todos cómo nación. #AnDL – 05/05/26

"Vuelves a mí porque el asesino siempre vuelve al lugar del crimen".

Novela: Mal de amor’ —Óscar Hahn (1981).

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