EVOlución

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El pasado martes 5 de julio del 2013 el avión presidencial de la República Plurinacional de Bolivia que regresaba de Moscú, Rusia, fue impedido de sobrevolar Francia, Italia y Portugal. Incluso, mi adorada España, se prestó al juego también.

Según han informado las autoridades bolivianas, este hecho puso en riesgo la seguridad física del avión y sus ocupantes, incluyendo al presidente Evo Morales, ya que la aeronave llegó al punto de estar agotando sus reservas de combustible. Finalmente, un permiso de aterrizaje fue concedido por Austria, desde donde luego partió hacia su destino, no sin antes generarse una serie de intentos por requisar el avión del jefe de Estado boliviano.

La razón principal para todo este escarceo fue la falsa información de que en dicho avión estaría viajando Edward Snowden, el antiguo empleado de la National Security Agency (NSA), ahora reclamado por los Estados Unidos de América para ser enjuiciado por filtrar a la luz pública informaciones sensibles que estaban bajo su cargo.

La actitud sumisa de Francia, Italia, Portugal y España frente a Los Estados Unidos de América no deja de sorprenderme; pero ya es cuestión de ellos y su estrategia geo política. Es su derecho actuar como lo crean conveniente; lo penoso es que se lleven de frente a las normas de derecho internacional.

En las más elementales reglas de convivencia mundial establecidas por el Derecho Internacional público y consignadas en resoluciones de organismos multilaterales, se ha establecido que el avión donde se desplaza un jefe de Estado es considerado suelo patrio y en consecuencia está revestido de todas las garantías de inmunidad y soberanía que le corresponden al estado que representa. Para mayor ilustración cito un recorte de prensa del diario español DEIA:

“El avión de un jefe de Estado goza de la misma inmunidad que una embajada, más aún cuando viaja en él. Impedir sobrevolar el espacio aéreo es una violación del Derecho Internacional, reflejado curiosamente en el Tratado de Viena sobre las Relaciones Diplomáticas, que en su artículo 22.3 dice que los medios de transporte diplomáticos "no podrán ser objeto de ningún registro" y, en el artículo 26 expresa que el Estado con relación diplomática garantizará "la libertad de circulación y de tránsito por su territorio". Por último, el artículo 40 señala que "si un agente diplomático (el máximo representante es el jefe del Estado) atraviesa el territorio de un tercer Estado (…) para reintegrarse a su cargo o para volver a su país, el tercer Estado le concederá la inviolabilidad y todas las demás inmunidades necesarias para facilitarle el tránsito o el regreso".

Sólo en el caso de que se haya emitido una orden internacional contra el mandatario o cuando existan fundadas sospechas de actividad o complicidad con el terrorismo, estaría justificada la medida tomada por España, Francia, Italia y Portugal. Tras el suceso, Bolivia estaría ahora legitimada para tomar acciones contra dichos gobiernos.”

O sea, en el entendido de que Edward Snowden hubiera estado a bordo, aún así, el país interesado en reclamarlo tenía que encaminar las vías diplomáticas correspondientes para que el mismo fuera deportado o entregado a ellos, pero jamás, como fue hecho, boicotear un plan de vuelo poniendo en peligro vidas y bienes, incluida la de un jefe de Estado, simpaticemos con él o no.

Este hecho ha recibido en nuestro país una pírrica atención en el entendido de que la distancia y las relaciones de comercio (de intereses) con Bolivia son mínimas, y ciertamente, las tensas relaciones entre Estados Unidos de América y Bolivia, en principio, no deberían ser prioridad cuando enfrentamos tantos desafíos últimamente. Pero este último incidente no debe ser ignorado.

Se trata de un precedente peligroso e irrespetuoso que abre una compuerta muy delicada al agredir directamente a un jefe de Estado elegido democráticamente por su pueblo. Es un incidente grave que debe ser abordado y discutido por los organismos internacionales, estableciendo las responsabilidades y las acciones a encaminar para que no vuelva a suceder.

Frenemos la involución en la convivencia internacional y continuemos en EVOlución.

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