Evidencia forense contradice rumores sobre extracción de órganos en caso Deivy Abreu

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Santo Domingo.– La muerte de Deivy Carlos Abreu Quezada, de 40 años, no solo dejó dolor en su familia. También abrió paso a rumores, versiones cruzadas y preguntas que encontraron eco en una sociedad cada vez más expuesta, y a la vez más insensible, ante la violencia.

Entre esas versiones, una cobró fuerza: la supuesta extracción de órganos. Sin embargo, las fotografías contenidas en la solicitud de medida de coerción y los documentos oficiales del levantamiento del cadáver cuentan otra historia.

En las imágenes se observa un vendaje en el hombro derecho, pero la herida determinante, la que marcó el desenlace, se ubica en el muslo derecho.

Su rostro, según los videos que circulan en las redes sociales y que hoy forman parte de las evidencias del caso, reflejaba la desesperación. Ávido de auxilio, gritaba: “¡No me dejen morir… me interceptaron… me querían matar!”.

Era un grito que marcaba la urgencia del momento.

En medio del caos, hubo intentos. Dos personas procuraron asistirlo, incluso intentando colocarle un torniquete. Un gesto inmediato en una escena que se desarrollaba con rapidez.

Mientras tanto, el tiempo avanzaba. El líquido carmesí, la vida en cada gota, seguía su curso.

A pocos minutos del lugar, un centro de salud. En la escena, la espera.

El expediente recoge que Deivy intentó resguardarse en el área de parqueos del Palacio de Justicia de Santiago, donde intervino el sargento Beylor Rodríguez Méndez para evitar que la multitud lo alcanzara nuevamente. Aun herido, logró avanzar hasta la entrada, pidiendo ayuda.

El Sistema Nacional de Emergencias 9-1-1 lo trasladó al Hospital Presidente Estrella Ureña. Falleció a las 5:30 de la madrugada, horas después del hecho.

El caso ha generado reacciones más allá del hecho puntual. Para la psicóloga Miosotis Grullón, lo ocurrido refleja un problema social más amplio.

Miosotis Grullón
Miosotis Grullón

“A nivel psicológico, esto genera desesperanza aprendida e impotencia colectiva: la gente internaliza que ‘denunciar no sirve’ y deja de buscar ayuda”, explica.

Añade que, cuando una persona pide auxilio y no lo recibe, el impacto trasciende lo individual.

“A nivel social se erosiona la confianza en las instituciones. El mensaje que queda es: ‘ni el Estado te salva’, y eso aumenta el miedo y el silencio”.

El origen del conflicto, como en muchos casos, fue mínimo: un roce en la vía.

“La mayoría de los conflictos se producen por situaciones triviales… el problema es que escalan rápidamente”, señala la especialista.

Y advierte que hay un elemento cada vez más presente en estos hechos: la normalización de la violencia.

“Cuando algo grave se vuelve cotidiano, deja de causar alarma”, sostiene.

Ocurre cuando un hombre camina sobre el muro que divide una avenida y nadie interviene. Cuando alguien pide ayuda en la calle y nadie se detiene. Cuando un hombre golpea a una mujer y los vecinos callan. Cuando, en un semáforo, el más fuerte impone su violencia sobre el más débil.

Distintas escenas. Un mismo trasfondo: la ausencia de respuesta.

Como si se hubiese ido desdibujando una enseñanza sencilla, repetida por generaciones: hacer por el otro lo que se quisiera que hicieran por uno. Dar cuando alguien pide. No apartar la mirada ante la urgencia.

Mientras tanto, siete hombres enfrentan cargos por asesinato con premeditación y acechanza, además de asociación de malhechores, por un hecho que, de acuerdo con el Ministerio Público, pudo haber sido evitado en más de un momento.

Porque en escenas como esta no todo ocurre de golpe. Algunas cosas pasan… mientras otras no llegan a ocurrir.

Sobre el autor

Katherine Espino

Katherine Nicole Espino Cuevas. Periodista, locutora profesional y CMM. Máster en Comunicación Política Avanzada por Next Educación (Madrid). Amante de la escritura bien hecha, las historias con sentido humano y las causas sociales. Creo en la...