Estimada Glenda
Leí con atención tu carta abierta dirigida a mi persona. Curiosamente estamos más de acuerdo de lo que te imaginas; la diferencia probablemente sea empírica, fruto de cinco generaciones de políticos que han observado, actuado y sufrido el comportamiento de la gran mayoría de los dominicanos.
Para que me entiendas, de entrada, no creo que exista un dominicano con mayor deseo de que Leonel Fernández pague por lo que hizo que yo.
Es más, no creo que haya muchos que, públicamente, digan que la cárcel no es suficiente; pero la realidad es otra, y con ella debemos maniobrar.
Estoy totalmente seguro de que mientras el PLD sea gobierno, Leonel Fernández nunca pisará un tribunal. Si quieres confirmar eso, sólo tienes que ver cómo el procurador general de la república, cuando desechó la primera querella incoada por Guillermo Moreno contra Fernández, se definió como un admirador del mismo, por más, una persona a quien él respetaba. Si quieres una definición de lacayo, ahí la tienes.
En mi columna anterior mencioné a Milagros Ortiz Bosch, ahora debo hacerlo de nuevo pues ella me enseñó hace tiempo que un gobierno es la suma de las fuerzas que lo llevan al poder. Consciente de ello luché para que el PLD no fuera gobierno de nuevo, pues para mí se había convertido, como el título de la película aquella, en la suma de todas las maldades.
Pero ganaron, y ganaron de la forma más rastrera y asquerosa que a mis 45 años recuerde. Creo que se le acerca la trama pro haitiana que le armaron a José Francisco Peña Gómez personajes que, únicamente, pueden tener vigencia en una tierra envilecida.
Danilo Medina es un político y el objetivo de todo político es llegar a ser Presidente. Un soñador (y a veces creo que lo soy) pensaría que frente a tanta corrupción y robo, éste habría renunciado a recibir apoyo de tan desprestigiadas fuerzas. La verdad es que si hubiera sido un perredeísta, hubiera hecho lo mismo; el objetivo es ganar.
La política es un camino lleno de entuertos, decisiones difíciles, tragos amargos, decepciones y traiciones, pero también de alegrías y satisfacciones por el deber cumplido.
Estoy convencido de que el Presidente de la República camina entre estas sensaciones actualmente. Hubo de servirse de gente que él aborrece para alcanzar el poder, pero no comulga con ellos, con la forma que actúan, pero necesita de su partido, de su poderoso comité político para poder navegar en el mar de complicidades con que Leonel Fernández se blindó.
Nunca me cansaré de aspirar a que actúe contra los bandidos de la pasada gestión, sólo que estoy consciente que políticamente no es viable por lo menos por ahora.
Un abrazo fuerte, estimada Glenda.