Entre Dios y yo
Al cumplir un año más de vida e inspirada por ese cielo hermoso que tengo frente a mí y esos árboles majestuosos que me revelan tu perfeccióncomo queriendo decirme cuan detallista eres – pues no hay un árbol igual al otro- siendo esto un elemento multiplicador en tu creación, doy gracias por la vida.
Y es que ella encierra tanto .rememorando mis años mozos y comparando lo que soy en este momento de mi vida, como pienso y ejecuto los actos en el quehacer cotidiano, como veo a los demás, medito y digo ¡Oh Dios, pero tú sí qué supiste hacer bien las cosas! sabías que darnos: juventud y experiencia al mismo tiempo no era una buena combinación las 24 horas del día no serían suficientes.
Parecería contradictorio pero al reflexionar en esto y haciendo una retrospectiva en lo que ha sido mi trayectoria de vida, – conociendo que lo que me acontece nos acontece a todos – digo cuánta sapiencia hay de tu parte en esos desvelos por nada, en las energía desgastada sin retorno efectivo, en priorizar lo que debió estar en último lugar, en esas temibles inseguridades y temores que frenan el ímpetu de la juventud, pues sin ellos los desastres estuvieran a la orden del díay aunque los tiempos develan que estos toman preponderancia y pareciera lo contrario, confirmo por tu gran amor y misericordia que somos más los que nos cobijamos bajo la sombrilla de los valores éticos que los que los transgreden.
Y qué decir, oh Dios! si es que sencillamente eres perfecto y con ello la vida!! La mirada en nuestros ojos es el mayor reflejo de tu perfección. Hablan de ti y el orden establecido la brillantes e inocencia que reflejan nuestros ojos en la infancia, la picardía y avidez de los mismos en la adolescencia, lo aguerrido y desafiante que se muestran ellos en la juventud, la profundidad y comprensión que reflejan cuando la adultez nos llega y en la aceptación y ternura que desprende nuestra mirada cuando la ancianidad toca sus puertas – y es que no podemos volar un escalón pues cada uno de ellos es la necesaria base para pisar firme el otro.
Hoy quiero agradecerte tu amor para conmigo y con los míos, esa relación entre tú y yo desde pequeña, permitirme verte en los mínimos y grandes detalles, en los tiempos difíciles y los muchos agradables y enriquecedores con los que me has rodeado, en enseñarme que andar de la mano contigo es la clave para encontrarle sentido a la vida y con ello sacar lo mejor de ella.
Gracias por hacerme entender con una profundidad que solo viene de ti que en el equilibrio de las cosas está la clave, que los extremos no importa de lo que se trate nos llevan a errar, que el secreto está en el amor que le pones en todo lo que haces, que la paz no se negocia, que debo ser coherente con lo que he aprendido de ti y de tu hijo Jesucristo a través de tu Palabra que me ha sido revelada, que la familia es la primera institución a la que me debo y por la que te tengo que dar cuentas, que solo se puede predicar con el ejemplo, y que mi Alfa y Omega eres tú.