En un rincón del alma
Celebremos con gozo
Haendel fue un célebre músico conocido universalmente por su inspiración musical, uno de sus himnos más destacados es El Mesías, y su composición termina con el famoso ¡Aleluya, aleluya, aleluya! Mana de mí una alegría que llena mi alma, porque la Navidad debe producir un cántico de gozo. Decir ¡aleluya!, no de la forma religiosa que hemos aprendido, sino de lo profundo de nuestro ser, es la evidencia de una vida que ha comprendido que el Señor ha nacido, y trajo armonía a la humidad.
El mejor regalo en la Navidad es Dios mismo, quien nos hizo el primero y más valioso de los regalos: su propio Hijo para nuestra salvación. Celebremos la Navidad con regalos, como los magos al llegar a la casa llevándoles presente al niño nacido, regalos que fueron especiales, como el oro, incendio y mirra. Regalemos con amor por agradecimiento con motivo profundo. Lo que importa al final es el sentimiento de compartir y el cuidado al regalar. Por lo tanto, abramos nuestros corazones y dejemos fluir el amor a través de este acto de dar regalos.
Celebremos la Navidad por la buena voluntad de Dios de enviar al Mesías que trajo paz a este mundo imperfecto, que tenía falta del verdadero amor. La paz que fluya todo lo bueno que hay en nosotros, todo lo que tenga virtud alguna debe de salir para tener un tiempo de armonía con las demás personas. La buena voluntad de Dios con los hombres es cantar como los ángeles cantaron aquella noche: ¡Gloria a Dios en las alturas y paz en la tierra! Celebremos la Navidad, libre de todo el prejuicio que podamos tener, que podamos comenzar con actitudes correctas hacia el prójimo. Esto es libertad, una Navidad no embriagada por la cosmovisión del mundo, sino por la cosmovisión del Mesías.
¡Celebremos con alegría, porque Jesús ha nacido!.
Decora tu rincón: (Fil. 4:4). Gozaos en el señor siempre otra vez digo: Que os gocéi