Por: Yeudy Maldonado Báez, politólogo y especialista en geopolítica.
Las grandes potencias durante siglos han construido su influencia en cuatro pilares clásicos: territorio, población, recursos naturales y capacidad militar. Se establecían enfoques o premisas geopolíticas para explicar estos fenómenos, indicando, por ejemplo, que quien dominaba los mares controlaba el comercio; quien lideraba la Revolución Industrial controlaba la economía y quien poseía armas nucleares garantizaba su supervivencia estratégica.
Pero esto adquiere una nueva visión en el siglo XXI: los avances tecnológicos permiten agregar una nueva variable que ha causado un nivel de disrupción significativo en la dinámica del poder global, denominada Inteligencia Artificial. Kissinger, Schmidt y Huttenlocher (2021) la analizan como un elemento que está transformando ámbitos fundamentales como la seguridad, economía, conocimiento, política, entre otros, con implicaciones profundas para el orden internacional.
Mientras la atención global se centra en conflictos armados de interés mediático como Rusia-Ucrania o el Medio Oriente, entre bastidores se desarrolla una batalla silenciosa que ha ganado relevancia con el paso de los años y que se libra en Laboratorios de Investigación, Centros de Datos y Fábricas de Semiconductores. Esta lucha, más que una simple competencia comercial, es una disputa estratégica sobre el liderazgo tecnológico global que redefinirá el mundo que está por venir.
Según el Informe sobre Tecnología e Innovación de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD), la inteligencia artificial se está convirtiendo en una de las tecnologías más transformadoras de la economía mundial, con la capacidad para modificar las oportunidades económicas y las relaciones de poder en un mundo cada vez más multipolar (UNCTAD, 2025).
En el centro de esta carrera tecnológica se encuentran Estados Unidos y China, quienes encabezan el desarrollo estatal y privado de esta nueva herramienta. Washington, con su liderazgo empresarial, se encuentra en la delantera de esta competencia, con el avance de gigantes tecnológicos como Microsoft, OpenAI, Google y Anthropic, lideres en el desarrollo de modelos avanzados de IA, junto con Nvidia, cuya posición dominante en el desarrollo de procesadores gráficos (GPU) la han convertido en una pieza clave para entrenar y ejecutar estos modelos.
Mientras Pekín impulsa a empresas como Baidu, Alibaba y DeepSeek como parte de una agenda tecnológica estratégica alineada a sus intereses nacionales, en la que el Estado asume un papel determinante en la promoción y desarrollo de estas capacidades que considera vitales para su futuro. Al analizar este fenómeno, Graham Allison (2017), a partir de su conocida formulación de la "trampa de Tucídides", plantea que el ascenso de una potencia emergente desafiando la superioridad de una ya establecida puede generar tensiones continuas con potenciales repercusiones globales, dinámica que, si se aplica al elemento tecnológico toma una nueva dimensión.
Otros actores también han adquirido cierta relevancia en esta carrera, con el objetivo de evitar quedar desplazados en la nueva dinámica de poder global. Europa, a pesar de que busca impulsar su propia industria de IA, con empresas como la francesa Mistral AI y la alemana Aleph Alpha, para garantizar su autonomía tecnológica, se ha quedado rezagada en cuestiones de regulación y en bajas inversiones de capital privado.
Taiwán, sin embargo, continúa fortaleciendo su capacidad en fabricar y proveer semiconductores de alta calidad esenciales para los sistemas de IA, a través de su compañía líder la Empresa Taiwanesa de Fabricación de Semiconductores (TSMC), cuya posición global en este mercado, ha contribuido a configurar lo que se conoce como "Escudo de Silicio", que funge como elemento de disuasión global ante cualquier acción hostil contra la isla. Corea del Sur y Japón han asumido una posición de suplidores estratégicos en la cadena tecnológica desarrollada en torno a las empresas de IA, proporcionando memorias avanzadas y componentes críticos.
En términos simples, el mundo presencia una nueva carrera estratégica. A diferencia de otros momentos históricos de la humanidad, como la Guerra Fría, la actual se mide por las capacidades de un Estado para procesar datos, el acceso a infraestructura computacional avanzada e innovación tecnológica. Por eso, cuestiones como asegurar una cadena de suministro de semiconductores, resguardar infraestructura digital crítica y garantizar el acceso a tecnologías estratégicas se han convertido en elementos que moldean actualmente la naturaleza de las alianzas internacionales, definiéndolas según la importancia que cada Estado otorgue a aquellos que puedan realizar aportes significativos en estos rubros. En este sentido, en su informe final del año 2021, la Comisión de Seguridad Nacional sobre Inteligencia Artificial de Estados Unidos (NSCAI) señaló que la IA desempeñaría un rol principal en la competencia geopolítica y económica de las próximas décadas (NSCAI, 2021).
América Latina se encuentra en el actual contexto geopolítico ante dos realidades distintas. Por un lado, están las oportunidades, ya que cuenta con recursos estratégicos como litio, cobre y tierras raras, que son esenciales en la denominada economía tecnológica que se desarrolla actualmente, lo que representaría fluidez de recursos financieros para una región marcada por la acumulación histórica de deudas sociales y afectada por la corrupción administrativa.
Por otro lado, las vulnerabilidades, que representan un desafío complejo, ya que la brecha tecnológica se convertiría en una nueva dependencia estructural de los Estados Latinoamericanos, a raíz de la concentración de las capacidades tecnológicas en pocas potencias, lo que ampliaría las desigualdades y generaría una nueva dependencia más allá de lo financiero e industrial.
República Dominicana no puede permanecer al margen de esta conversación; de lo contrario, corre el riesgo de quedar rezagada y no aprovechar nuevas oportunidades. Su ubicación geográfica, estabilidad política y ventajas comerciales, como el DR-CAFTA, podrían convertirse en herramientas estratégicas a favor del Estado dominicano, para atraer empresas extranjeras que busquen abaratar costos y acceder al mercado estadounidense.
Esto permitiría, por ejemplo, desarrollar una estrategia en torno al potencial de las tierras raras en la provincia de Pedernales, que priorice no solo su extracción, sino también la generación de valor agregado. De esta manera, Santo Domingo podría convertirse en un nodo estratégico del nearshoring y friendshoring con Estados Unidos, sirviendo como punto de conexión entre la manufactura, los servicios digitales y los mercados internacionales.
A partir de los primeros vestigios del desarrollo de la Inteligencia Artificial, el mundo y sus relaciones de poder cambiaron para siempre. Esto representa una revolución tecnológica, que, guardando las diferencias, es comparable a la que produjo en su momento la máquina de vapor, el petróleo y la energía nuclear. Redefinirá alianzas, liderazgos y dependencias de Estados. Es el nuevo mundo que se avecina y no es opcional; es una realidad que se irá imponiendo guste o no.