El mito del momento perfecto

Luis de Jesús Rodríguez
Luis de Jesús Rodríguez

Por Luis de Jesús Rodríguez
Brújula para emprender

“Sé temeroso cuando los demás son codiciosos, y codicioso cuando los demás son temerosos.”
Warren Buffett

Hay frases que parecen prudentes, pero a veces solo sirven para aplazar una decisión. “Voy a esperar a que las cosas se calmen” es una de ellas. La pronunciamos cuando suben las tasas, el dólar se mueve, el consumo se debilita o las noticias despiertan inquietud. Puede ser una pausa sensata. También puede ser el miedo disfrazado de análisis.

Con los años he aprendido que el momento perfecto no llega. Lo que llega es un momento suficientemente claro para decidir, siempre que uno haya hecho la tarea. En 2003, durante la crisis bancaria dominicana, y en 2020, cuando la pandemia paralizó buena parte de la economía, no todos debían invertir ni todos los proyectos merecían seguir. Pero quienes conservaron liquidez, escucharon al mercado y ajustaron con rapidez pudieron encontrar oportunidades que antes no existían. Esa diferencia no depende de la suerte, sino de haber llegado con reservas y criterios claros.

Conviene decirlo sin romanticismo: una crisis no convierte una mala idea en un buen negocio. Tampoco premia automáticamente al más valiente. La incertidumbre castiga la improvisación, el exceso de deuda y la vanidad de crecer sin demanda. Los ejemplos de empresas que nacieron en épocas difíciles inspiran, pero rara vez muestran cuántas otras desaparecieron por confundir coraje con temeridad.

La oportunidad aparece de otra manera. Algunos competidores se detienen, ciertos costos se vuelven negociables y personas muy capaces quedan disponibles. Más importante todavía, cambian las necesidades del cliente. Allí puede abrirse un espacio real para quien observa con humildad y responde con una solución útil. No se trata de apostar contra el miedo colectivo; se trata de comprender mejor que otros qué problema sigue pendiente.

Yo no recomiendo esperar la calma, porque la calma también puede ocultar precios altos, competencia abundante y decisiones tomadas por entusiasmo. Recomiendo construir una posición desde la cual podamos actuar: caja protegida, deuda soportable, costos flexibles, información directa del cliente y capacidad de corregir sin comprometerlo todo. La frugalidad, en estos momentos, no es escasez mental; es libertad para escoger. La disciplina consiste en conservar opciones cuando otros ya las han perdido. Y la coherencia obliga a medir con el mismo rigor la oportunidad que el peligro.

Antes de dar el paso, conviene hacerse una pregunta incómoda: ¿qué información concreta me falta, y qué parte de mi espera solo busca evitar el riesgo de equivocarme? Si la respuesta es información, búsquela. Si es miedo, no lo niegue; póngale límites al riesgo y avance en pequeño.

Esta semana, tome la decisión que ha venido posponiendo y redúzcala a una prueba de bajo costo. Defina cuánto está dispuesto a perder, qué señal validará la idea y en qué fecha decidirá continuar o detenerse. El emprendedor disciplinado no adivina el futuro. Se prepara para actuar antes de que el momento imperfecto pase de largo.

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