El fraude lo corrompe todo

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Durante años hemos escuchado el clamor de la región sur a los fines de que se le preste atención y se destinen los recursos necesarios para que la misma deje de ser la zona más pobre del territorio nacional.

Solo un desalmado no podría identificarse con un reclamo tan justo como ése.

Precisamente, bajo ese sentimiento común de solidaridad con el sur, se escudan en estos momentos aquellos que se han apropiado de Bahía de Las Águilas.

He escuchado a varios expertos hablar sobre la zona de Bahía de Las Águilas y todos han coincidido que la posibilidad de desarrollo turístico a gran escala es imposible en el entendido de que el espacio aprovechable es muy reducido.

En consecuencia, más allá de los trabajos que generaría localmente, no hay posibilidad alguna de que Bahía de Las Águilas genere un boom económico para la región.

Además de los aspectos relativos al desarrollo de la zona, he escuchado también a destacados ambientalistas quienes han explicado con lujos de detalles que a pesar de su limitada extensión, Bahía de Las Águilas es un ecosistema de gran importancia y refugio de varias especies endémicas y en peligro de extinción. Especial atención me merece el manatí, que admiro por morir generalmente gracias a lo inofensivo que es; al no temerle a los humanos, se les acerca y es fácilmente asesinado.

Se parece a muchos de nosotros… lo joden por bueno.

Lo peor de todo no es la manipulación sobre el indiscutible y necesario desarrollo de esa latitud, ni la estocada a nuestros recursos naturales y especies.

Lo aborrecible es que a pesar de que está evidenciado hasta la saciedad de que se trata de una burda mafia que orquestó y puso en marcha una estratagema para apoderarse de aquel paraíso, el Estado, llamado a ser quien predique con el ejemplo, haya transado un caso en el que, sin dudas, por su control sobre el poder judicial, pudo haber dado la orden para que lo que es de todos siguiera siendo de todos. Así de diligente y eficaz como cuando se archiva un expediente o se desestima una querella…

Al final una máxima jurídica explica lo que está sucediendo:

El fraude lo corrompe todo.

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