El Defensor del Pueblo: Elefante sin patas para un ejercicio inútil

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Este país resolvió sus problemas. El 15 de mayo del 2013 fue una fecha memorable, el Senado eligió al Defensor del Pueblo con una votación recogida a fuerza de clamores a las más apócrifas divinidades, de último, como apelación final, “se lo pido por mi madrecita”, dijo el vocero senatorial. Muecas más, muecas menos, mayoría obliga. Quedó electa una persona que jamás se sometió al escrutinio de la comisión evaluadora, pero que estaba señalada por uno de esos caros acuerdos y relajos que hacen posible la pelotera electoral, en la República Dominicana.

Qué bueno, acaba de ser juramentada Doña Zoila Martínez, así se rebautizó nuestra nación como poseedora de un Estado Social Democrático de Derecho, se le da cumplimiento a la Ley No. 19-01, que por más de una década aguijoneaba el cerebro de potenciales candidatos y de organizaciones que creyeron que la marifinga podía estar más suave y hasta confundirse con mermelada.

El gallo no murió en la funda, esta estaba vacía. Sin disparo, no existió la forma de que el tiro saliera por la culata. Lo lamento, Antonio Cruz Jiminián, no sé qué malvado te metió a postulante, querían joderte, engancharte a “come cheque”, convertirte en material de carroña, que bueno que esos sabios legisladores no te acogieran, tu no los representa, pero te necesitan para receticas y asistencia quirofánicas.

Celebré tu no elección y minutos antes de que tomaras el avión para Nueva York a botar el golpe, llamé a tu amigo y compañero de viaje, que también es uno de los míos y le dije la alegría que sentí por tu exclusión, le pedí que te la hiciera participe. Antonito mírate al espejo, no midas tu tamaño, eres gigante, ni reflexiones sobre tus conocimientos, eres un genio, que corre suelto, no tienes vocación de soba leva o tumba polvo. Eres de un material especial.

Siéntete defensor del pueblo, del campo, de los chiquitos y de los grandes, despierta, asume el compromiso, eres el activista social más importante del país, el verdadero defensor de todos.

Para la defensoría del pueblo se eligió lo perfecto. Alguien que no sabe nada de eso. Se escogió en el momento justo, cuando no hace falta. Nuestros legisladores constitucionalizaron esa figura en el título VIII de la Carta Magna, en los artículos 190, 191 y 192, como un golpe retardado, después de haber sonado la campana de las libertades democráticas.

El artículo 191, de la Constitución cuando plantea las funciones esenciales del Defensor, habla de: “salvaguardar los derechos fundamentales de las personas y los intereses colectivos y difusos establecidos en la Constitución y las leyes, en caso de que sean violados por funcionarios u órganos del Estado, por prestadores de servicios públicos o particulares”.

Cuando se creó esa superada figura, no constábamos con una Constitución como la actual que en los artículos 68 al 73 define todas las garantías a los derechos fundamentales, entre las que está, tutela judicial efectiva, hábeas-data, hábeas-corpus y acción de amparo, responsabilidades del Tribunal Constitucional, que debe operar como tribunal de garantías de los derechos fundamentales.

La Comisión de los Derechos Humanos -aquí hay varias- muy audaces y defensores, a veces, de causas no tan nobles, está encrespada, se hizo ilusiones de amoríos quijotescos, cortejar su Dulcinea, pero en un palo de gallera quedó herida por raya. Llevarán ante el Constitucional al Ombudsman “dicen que es el producto de pacto burdo”. La colorá no fue evaluada entre los 79 candidatos a la posición esto sería una lesión al derecho de los postulados.

Sería bueno que la recién juramentada Defensora del Pueblo, fuera apoderada para que decidiera sobre su propia ilegitimidad, ella ignorante de sus funciones, pero, para nada tonta, a propósito, buscando baranda, ha metido la pata en dos ocasiones, afirmando que trabajará por los desposeídos, sufridos, marginados y obreros.

Así es, Señores de los Derechos Humanos, ustedes no son ni estarán en su prioridad, ni yo tampoco. Esa señora viene, dice ella, a “pagar una deuda social” de la que parece sentirse culposa. Que vaina esta, como en teatro, un quejido sin dolor.

Viene a salvarnos “de la degradación y la enorme descomposición social que nos arropa” pero por Dios Chapulin… Por Dios… Altagracita Paulino, eres de verdad, en ti confío.

Aquí sufrimos de montarnos en el autobús cuando los demás se bajan, los países donde ha operado la figura del Defensor del Pueblo están en desmonte, llegamos a la fiesta tarde, pero llegamos, no hay música ni sonido, lo hicimos para fines de registro.

Elegimos lo mejor, lo que se necesitaba, el banquete está servido, hay autonomía administrativa, financiera y presupuestaria. Vamos ¡Atención! Que se cumpla la ley. A comer cheques que la democracia cuesta. Este elefante no tiene patas ni color pero es fuerte.

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El Día

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