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El costo de la vida

En múltiples sondeos de opinión pública que se realizan entre diferentes segmentos de la población, surge el tema del costo de la vida como la mayor preocupación e insatisfacción de parte de los encuestados.

Tal primacía aparece también, además, entre comentaristas, politólogos, forjadores de opinión y muchos otros más.

Por ello se hace prioritario procurar entre los elementos que tienen mayor incidencia, cuáles son más factibles de atacar frontalmente, con el propósito de hacerle la vida más vivible al ciudadano común.

Comencemos por el agua potable, cuya carencia en condiciones aptas para el consumo humano ha permitido la proliferación de una industria, formal en algunos casos, e informal entre muchos otros, que cobrando precios irracionales proporcionan este elemento vital para la vida humana.

Un Estado y sus subdivisiones políticas municipales deberían estar suministrando el servicio de una agua potable, que a su vez aligeraría los bolsillos de la inmensa mayoría de la población.

A esto le siguen los alimentos, tan encarecidos por los múltiples escalones comerciales, la merma en la producción nacional en relación al aumento de la demanda, la enorme cantidad de importaciones compensatorias o por competitividad, y hábitos alimenticios inducidos por un mercadeo incesante.

Cada uno de estos puntos puede ser objeto de acciones que contribuyan a rebajar precios.

Igual pasa con la energía, el otro elemento vital para la vida moderna.

Energía que comienza con los valores caloríficos necesarios para la cocción; la electricidad requerida para la refrigeración de alimentos, proveer luz en la oscuridad y proporcionar entretenimiento; transportarse hacia y desde el trabajo y las gestiones de vida necesarias.

En fin, son muchos los componentes del costo de la vida. Sin embargo 4 o 5 líneas de acción serían capaces de aliviar cargas agobiantes como los casos del agua, alimentos y energía.

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