El CES, o la ocasión perdida

editorial

La sociedad dominicana pierde la oportunidad de construir alrededor del Consejo Económico y Social una institución con la capacidad para buscarle soluciones a conflictos y coyunturas críticas confrontadas en el pasado y que pudieran presentarse de nuevo.

Uno de estos conflictos, con un profundo aliento económico y social, ha confrontado recientemente a las cúpulas de las organizaciones laborales y del empresariado alrededor de la reforma del Código Laboral.

El CES tiene, por cierto, una base constitucional, un elemento que pudiera ser aprovechado para convertirlo en una institución sólida, descontaminada, capaz de arbitrar sin levantar mayores resquemores.

Con ocasión de la crisis electoral de 1978 emergió la personalidad de Agripino Núñez Collado, que extendió su capacidad para afrontar situaciones complejas y acercar partes en conflicto, prácticamente a todos los ámbitos de la vida nacional en los que se le requería.

Lo económico, lo social y lo político existen en sus circunstancias y las de monseñor Núñez Collado pasaron, junto con las personalidad y las relaciones que dieron origen a su ascendente sobre la vida nacional. Pero aquel pasar dejó ver una necesidad: la de una institución que sirviera de mediadora, no sobre la base del carisma, sino de criterios técnicos, como pudieran serlo los análisis de mesas de trabajo.

La última vez que vimos al Consejo Económico y Social activo fue con ocasión de las consultas del presidente Luis Abinader con los expresidentes Hipólito Mejía, Danilo Medina y Leonel Fernández sobre el asunto haitiano.

¿Qué impide su aprovechamiento cabal como facilitador en las relaciones conflictivas comunes de estos tiempos?
Rafael Toribio no es una persona carismática, pero parece descontaminado. ¿O la sociedad dominicana del siglo XXI emerge colgada de los perfiles carismáticos del pasado?

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