Economía de guerra

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La economía dominicana atraviesa una de sus mayores pruebas debido al nefasto impacto que en varias direcciones ha logrado a nivel mundial el nuevo coronavirus Covid-19.

Dos de los tres pilares de la generación de divisas se han desplomado, el turismo y las remesas. A ambos renglones les tomará muchos meses volver a donde estaban hace dos años.

El Gobierno, hay que reconocerlo, ha adoptado medidas trascendentes para preservar la salud de la gente, pero también ha actuado en la misma dirección para preservar los empleos de esas mismas personas a las que ha llamado a permanecer aisladas.

Pero la capacidad del Gobierno de accionar en términos materiales tiene límites, por más que intente extender la sábana.

La disponibilidad del Gobierno la da las recaudaciones, las cuales se han caído al suelo como consecuencia de la parálisis nacional.

La posibilidad de asistencia internacional para enfrentar la crisis es mínima porque el mundo atraviesa la misma situación.

Toca a los ciudadanos asumir que entramos en una economía de guerra, de control de gasto, de consumir lo necesario, de reducir importaciones y de hacer sacrificios.

Hay que empezar a asimilar que además de estar en una crisis sanitaria, nos colocamos en el umbral de una difícil situación económica.

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