Dios nos proteja
Los dominicanos hemos comprobado en la práctica, por lo cual hemos y estamos llorando lágrimas de sangre, que la arbitrariedad, el abuso y la falta de institucionalidad, máxime cuando viene desde el Estado, no son la solución a nuestros problemas sociales.
Las clases dominantes, a través del Estado, han ofrecido carta blanca a la Policía Nacional para que actúe, supuestamente contra la delincuencia, equiparándose en sus métodos a ésta. En la Policía Nacional, y otros organismos de la seguridad nacional, predominan la discrecionalidad, los amarres, el tigueraje y la impunidad.
La impunidad y arbitrariedad en las instituciones de Seguridad (Policía Nacional, AMET, DNI, FFAA, etc.) son una de las principales causas de los alarmantes niveles de inseguridad que hoy vive el pueblo dominicano, porque éstas ya no pueden enfrentar ni contener la delincuencia, que crece y se reproduce como la verdolaga.
Los gobiernos dieron carta blanca a la Policía Nacional para que actuara al margen de la ley en los intercambios de disparos, en las redadas, en los abusos cotidianos, en los chequeos ilegales, en las torturas, en los apresamientos ilegales, en el espionaje de adversarios, en sus vinculaciones con la mafia, etc.
Esta institución se ha ido degenerando progresivamente hasta igualase a quienes persigue, perdiendo así toda autoridad, credibilidad y posibilidad de enfrentar el crimen.
Ejemplos concretos lo confirman: el caso de Waldo Ariel Suero, cuando desde la PN se manipuló la fotografía de su apresamiento quitándole electrónicamente las esposas. El caso de Salcedo donde se realizó un fotomontaje para acusar a dirigentes populares. La telenovela de Baldera y el asesinato de los acusados a manos de la misma Policía. Y finalmente, los archiconocidos casos de Figueroa Agosto y el de la torre Atiemar. Casi todo lo que yo pueda decir la población lo sabe.
Las clases dominantes, que a través de sus gobiernos han prohijado la arbitrariedad y el desapego a las leyes por parte de la Policía Nacional, descubrirán tarde o temprano que la arbitrariedad y el abuso se le escapara de las manos, revirtiéndose contra si mismos.
Porque, si no nos proponemos seriamente el desmantelamiento de esta vieja y arcaica institución y la creación de una nueva estructura policial civil, profesional, bien pagada, respetuosa de los derechos humanos, y capaz de diferenciarse efectivamente de la delincuencia (condición ineludible para combatirla), no habrá paz ni seguridad para sus empresas, para sus casas, ni para sus hijos. Tendrán tarde o temprano que irse.
La muerte de un joven estudiante de derecho de 23 años de un balazo en la nuca, hace un par de horas, a manos de un desaprensivo uniformado que intentaba macutearlo, es simplemente la muestra de cómo estamos y de hacia dónde vamos. Ojala que no tengamos usted y yo que pasar por eso.
¡Dios nos proteja de esta Policía!