Desde mi escritorio

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Aportes desinteresados
En todos lados se cuecen habas, dice un viejo refrán. Con esto en mente se ha llamado la atención a todos los ciudadanos que desean ayudar al hermano pueblo de Haití en la difícil situación que están pasando, para que sus aportes los lleven a centros y entidades serias, evitando que algunos hagan su agosto con la tragedia ajena.
En momentos como estos la solidaridad se desborda y la gran mayoría nos olvidamos de nuestros problemas para ayudar y contribuir, desde nuestro pequeño mundo, a mejorar un poco los padecimientos de este pueblo atribulado. Pero de la misma manera que el corazón se conmueve en unos, se endurece en otros para aprovecharse de esta situación. Recuerden que hay de todo en la viña del Señor y él nos pide estar alerta a los lobos que llegan disfrazados de corderitos. Si va a donar algo, busque entidades reconocidas por su trabajo y trayectoria para que realmente esa ayuda les llegue a los damnificados de este desastre.
A la hora de dar, demos con el corazón. Seamos verdaderamente solidarios al entregar, sin esperar retribución o figureo. Quien da no debe esperar reconocimiento alguno, ni mucho menos gritarlo a los cuatro vientos para que los demás se enteren de sus buenas intenciones.
Aunque el “dar sin esperar nada a cambio” es una actitud fácil de comprender y de explicar, es muy difícil de llevar a la práctica. Lo vemos a diario, pues el dar se ha convertido en una estrategia de mercado para muchos. Olvidemos la plataforma de proyección y permitámonos dar con verdadero corazón.

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El Día

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