Desde mi escritorio
Una Navidad diferente
Un poco de calor en las mañanas, algunas lluvias al caer la tarde y la apatía general de los dominicanos por la crisis que agobia el país son algunas de las estampas que hacen de esta Navidad algo diferente.
La Navidad dominicana ya no es la misma. Ya no empezamos a celebrarla desde octubre y, aunque estamos en diciembre, no se siente igual la alegría y el jolgorio de estos días.
En la calle solo oímos de crisis y más crisis y, a pesar de que el Gobierno comenzó a repartir la tan esperada regalía pascual, los ánimos no se cambian de casette. La preocupación sustituye a la alegría.
Nuestra reputación de país alegre, que no le da mente a los problemas para celebrar y olvidar las penas, está siendo empañada y muchos están preocupados ante esta situación.
No es para menos. Sin embargo, algo que todos debemos tener presente es que, sin importar los malos augurios, nunca podemos darnos por vencidos ni perder la esperanza, sacando desde el fondo de nuestro corazón esa alegría que nos identifica como país y como personas.
Todas las navidades son diferentes, nunca una es igual a la otra. Siempre hay cosas buenas y malas. La diferencia no está en la temporada ni en el año, sino en lo que hacemos para vivirla y disfrutarla, donde la alegría es el ingrediente que no debe faltar y la presencia de Dios en nuestros corazones la gasolina que mueve el motor. Comencemos a cambiar la mentalidad y no permitamos que la tristeza y las preocupaciones oscurezcan esta época tan bella, donde celebramos la llega del hijo de Dios a nuestros corazones.