De vuelta a clases…

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Todos los años tenemos el mismo dolor de cabeza, con la pequeña diferencia de que la migraña va en aumento… no igual, sino mayor… pues los padres no tenemos quién nos defienda ante los ataques despiadados que recibimos tanto de las “magistrales decisiones” tomadas por el Ministerio de Educación, como de los colegios y las casas editoriales, que en pos “de la formación” de nuestros hijos preparan nuevas medidas, planes y, sobre todo, cambios y aumentos en las tarifas de los libros y las colegiaturas, como si tuviéramos un árbol de papeletas en el patio o el jardín de la casa.

Cada año la educación se vuelve más cara y nuestros bolsillos siguen recibiendo los mismos ingresos. Si nuestros salarios subieran de la misma manera en que suben los útiles escolares y demás ajuares, les aseguro, sin duda a equivocarme, que seríamos personas más felices. Por lo menos yo sí lo sería.

Todo ha empeorado, desde mi humilde punto de vista, desde que el Ministerio empezó, poco a poco, a reducir el tiempo de las vacaciones. Los padres nos pasamos 11 meses pagando mensualidades, cuando en el pasado se tenía hasta 3 meses para preparar a los hijos y los bolsillos. En la actualidad, solo contamos con un mes y medio, en el mejor de los casos, sin contar que a muchos colegios no se les controla sobre la lista de los libros.

Es verdad, sabemos que este país está lleno de analfabetos. Eso no es noticia. También estamos conscientes que para cumplir en las escuelas la Gestión 1000×1000 es casi una odisea, pero eso no pasa en los colegios. Entonces, por qué los padres que nos sacrificamos económicamente para brindar una mejor educación a nuestros hijos tenemos que pagar los platos rotos de la educación pública. No será que los incumbentes de esta área, y si se quiere hasta el mismo Presidente de la República, deberían ponerse los pantalones y dejar de “fastidiar” a todos por la ineficiencia de un grupo.

Lo que deben hacer es invertir de verdad en el área y hacer su trabajo regulando a los colegios, para que los padres no tengamos que estar con el cuchillo en el cuello comprando hasta diez libros para un niño de 6 años, por citar un ejemplo. En este país, la educacíón no es un derecho, es un privilegio.

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El Día

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