De la Frustración a la esperanza

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El año 2009 se ha marchado dejándonos una larga lista de frustraciones e insatisfacciones colectivas, las cuales no son exclusivas del año que termina, sino de una larga década perdida.

La República Dominicana ha pasado por el trauma de las quiebras bancarias, del incremento de la delincuencia, de la expansión y contaminación del narcotráfico, de la acentuación del transfuguismo político, del regalo al sector privado de casi todos los bienes del Estado, del irrespeto oficial hacia el medio ambiente, del incremento exponencial y descarado de la corrupción administrativa, del intento oficial de destrucción de Los Haitises por parte de funcionarios irresponsables y ambientalistas capaces de mentir para mantener un alto salario público, y lo que es peor, la indiferencia gubernamental frente a cada problema de interés nacional.

Cada día son más los dominicanos que expresan libremente su sentimiento de frustración ante el destino que lleva nuestra nación, y el mejor ejemplo lo encontramos en nuestros compatriotas que residen en el extranjero, quienes al conversar con cualquier otro dominicano siempre dejan aflorar sus amarguras y su pesar, y expresan con gran malestar: “ta’ malo el paí de nosotro”.

Estando recientemente en la ciudad de New York no pude disimular mi profunda frustración al escuchar a compatriotas dominicanos expresarme en las calles de Manhattan que “nuestro país se jodio”, porque aunque realmente la situación dominicana no puede ser peor, a veces pienso que el país acumula excesiva energía elástica en medio de dos placas tectónicas sociales, y que cuando esa energía se libere súbitamente, el terremoto social va a ser devastador y no dejará piedra sobre piedra que no sea destruida. Y eso es preocupante.

En otros tiempos los partidos políticos encarnaban esperanzas colectivas, se aspiraba a salir de un gobierno malo para disfrutar de un gobierno mejor, y esas esperanzas se constituían en bálsamos que calmaban de manera temporal cualquier malestar social, a la espera de mejorar, pero de repente la gente sólo siente una profunda frustración, porque sólo se le escucha decir que fulano es malo, pero que el otro es peor, y un país donde las opciones a escoger se dividen entre el malo y el peor, termina eliminando las esperanzas de un pueblo que aspira a estar mejor.

Siento que nuestra gente ha perdido la fe, ha perdido la confianza, y ha perdido las esperanzas en quienes dirigieron, en quienes dirigen y en quienes piensan dirigir, y quizás sea esa la razón de la delincuencia desenfrenada, de la corrupción desmedida, del narcotráfico pluralizado, de los crímenes sin sentido, del váyase aunque sea en yola, de las inconductas de sus autoridades y del irrespeto del pueblo a esas mismas autoridades que practican inconductas, porque la gente está hastiada.

La dura batalla librada por el 85% del pueblo dominicano en contra de la disposición oficial que autorizaba la instalación de una cementera en la frágil región hidrogeológica de Los Haitises, es una muestra de que la gente está “jarta” de que sus autoridades le impongan decisiones perversas que en nada contribuyen al desarrollo nacional ni a la protección ambiental, y sólo los desvergonzados coristas bien pagados por el gobierno fueron capaces de defender semejante atropello ambiental, aunque todavía hoy se escucha al Secretario de Ambiente defender esa iniquidad, cuando debió renunciar al recibir el informe emitido por el PNUD. Pero para renunciar hay que tener vergüenza oriental samurái.

En el caso de Los Haitises, el 81% de los peledeístas se sumó a la oposición a la instalación de una cementera autorizada por el Presidente de la República y que era defendida por la Secretaría de Ambiente y por el propio gobierno, ya que el Vicepresidente de la República dijo públicamente que el gobierno apoyaba la licencia ambiental emitida a la cementera por el Secretario de Ambiente, sin embargo, el 81% de los peledeístas, al darse cuenta de la maldad encerrada en esa medida gubernamental, prefirió dar la espalda a su Partido y a su Gobierno, y colocarse del lado de los ambientalistas y grupos académicos y sociales que objetábamos esa barbaridad ambiental.

Quizás los grupos progresistas aún no se han dado cuenta del mensaje social contenido en la lucha nacional contra la cementera de Los Haitises, y tampoco se han dado cuenta de que la gente se ha cansando del modelo político y administrativo vigente, y que la gente quiere un cambio estructural profundo, un cambio del sistema de gobierno, un cambio de las conductas administrativas, un cambio de las membranas permeables, porque las membranas instaladas han sido tan mal usadas y tienen tantos agujeros visibles que los lixiviados permean y contaminan en todas las instituciones.

Y mientras los grupos progresistas siguen con objetivos dispersos, sin una agenda coincidente con los deseos de la gente, y sin buscar un liderazgo aglutinador, interno o externo, que les permita ser una verdadera opción, el empresariado inteligente comienza a mirar hacia el horizonte buscando una sustitución competente frente a un desgaste político evidente.

El país está a las puertas de un cambio radical, de un cambio esperanzador, de un cambio que garantice el desarrollo de la nación, un cambio cuyas prioridades sean la educación, la salud, el agua potable, la energia eléctrica, la protección del medio ambiente, el financiamiento a la micro y pequeña empresa, la seguridad ciudadana, la multiplicación del empleo y la reducción de la pobreza, pero la única forma de reducir la pobreza es enseñando al pobre a producir riquezas, no entregándole una tarjeta de solidaridad que sólo multiplica la mendicidad, convirtiendo al receptor en una pesada carga social.

Con los RD$50,000 millones que durante los próximos seis años el gobierno va a regalar a la Barrick Gold, bien pudiera financiar 500,000 microempresas, de hasta RD$100,000.00 cada una, y en cada microempresa al menos 5 personas pudieran ganarse la vida dignamente, sin mendigar una tarjeta de solidaridad, lo que implicaría el beneficio directo de 2,500,000 personas, equivalente a la cuarta parte de nuestra población, y ello debe llevarnos a luchar por la urgente modificación de ese odioso contrato, y es ahí donde los grupos progresistas y populares, y toda la población nacional, tienen una nueva tarea para defender y para que el país vea quienes son los verdaderos defensores de los intereses colectivos.

Los dominicanos tenemos un gran reto por delante y ese reto es transformar nuestra frustración en una gran esperanza para la nación.

Pongamos las primeras piedras de esta nueva pirámide en construcción, y veremos que las demás piedras vendrán como aluvión del río crecido por las lluvias de un gran ciclón.

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