Control y flexibilidad

Ana Blanco
Ana Blanco

Me gusta ser organizada. Me gusta ser estructurada. Tengo espacios donde anoto las cosas, porque me da tranquilidad ver lo que tengo pendiente, principalmente en los próximos siete días. Ahora, reconozco que eso muchas veces nubla mi capacidad de ser flexible. Cuando algo de lo planeado no se da como entiendo que debe ser, tiendo a perder el centro y a ponerme nerviosa. Acabo reaccionando, pero ese proceso es desgastante, no sólo para mí, sino para quienes me rodean.

Veo a personas que fluyen, que no son organizadas, pero igualmente logran las cosas. Alguna vez he tratado de dejarme llevar, pero la sensación de no tener esa agenda a la que aferrarme me hace sentir insegura y vivir como fuera de centro. Y aquí aparece la palabra clave: control. Ahí quería llegar.

Las personas que somos extremadamente controladoras tendemos a manejar muy mal cuando perdemos ese poder porque entramos en un terreno desconocido en el que nos sentimos incómodas. Pero llega un momento en la vida, cuando menos lo esperas, que descubres de forma demoledora algo que muchos otros ya saben: no se puede tener el control de todo. Y cuando aceptas esa realidad, la vida comienza a cambiar. Te vas permitiendo soltar y te das cuenta de que no pasa nada. La cúspide es cuando logras equilibrar ese control, saber cuándo aferrarte a él y saber cuándo soltarlo.

Confieso que yo aún estoy en ese camino, pero voy dando avances y cada vez me doy más cuenta de que lo importante no es controlar, ni tampoco el siempre dejar fluir; es tener la flexibilidad necesaria de irte de un extremo a otro según la situación o el problema. Y eso es todo un aprendizaje que se logra paso a paso y, sobre todo, quitando poder al control.

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Ana Blanco