¿Cómo hacemos una política nueva?
Para renovar la política necesitamos cambiar sus paradigmas. En primer lugar debe ser una política desde y para las personas. No una política para el poder sino que el poder es necesario para intervenir y actuar sobre la vida de las personas. Entonces es una política para cambiar y dar poder a las personas.
El discurso político debe recoger las necesidades de las personas y proponer las soluciones necesarias, que pasan por el empoderamiento de la gente. Es la política para que la gente pueda.
Una política como la que estamos describiendo toma en cuenta y da respuesta a los planteamientos del informe de desarrollo humano 2008 y a los estudios sobre capacidades y derechos y el llamado informe Attalí sobre lo que se necesita para implantar la estrategia nacional de desarrollo.
Necesitamos una política que atraiga a las personas decentes. La gente decente tiene que encabezar la política. Si logramos que la gente decente se involucre en una política pensada y hecha desde y para las personas, entonces comenzaremos a cambiar la política.
Pero hace falta más: la política debe ser dialogal o sea una conversación permanente entre los liderazgos y la gente. Los liderazgos tienen que crear mecanismos para propiciar este diálogo y mantenerse abiertos a las manifestaciones y puntos de vista de la gente que no está organizada en política. Las encuestas, sondeos, grupos focales y paneles con la gente no circunscripta constituyen una necesidad de la política moderna.
Con los puntos de vista de esa gente no organizada y con la estructuración de mecanismos para que la gente decente se sienta representada, comenzaríamos a cambiar el modo de hacer política.
Es mucho lo que hay que trabajar para viabilizar los cambios en la política, pero los resultados esperados justifican el esfuerzo.