Ciudad de azúcar
Como diría Celia Cruz: ¡Azúcar!, es en lo que se convierte la capital desde que caen dos gotas de agua. Las inundaciones que a su vez generan congestionamiento en el tránsito, te obligan a empacarte al vacío en tu casa y no querer salir para ninguna parte.
Somos un país con un clima tropical, por ende estamos expuestos a que nos afecten fenómenos ambientales, como ciclones, huracanes, ondas tropicales, etc. y los gobiernos insisten en sacar cuentas de lo que perdió la economía, obviando lo que el país pudo haberse ahorrado con medidas preventivas.
Hay que estar claros de que la prevención tiene un costo, pero que, paradójicamente, no tiene precio.
Es algo legítimo para nosotros contabilizar en pesos y dólares lo que pierde un país si despacha temprano a los empleados públicos por lluvias, o cuando empresas y negocios tienen que detener momentáneamente sus operaciones. Lo que no es legítimo es que esta sea la prioridad y preocupación principal, cuando se debería tratar de prevenir tragedias y proteger a la gente.
De aquí se desprende también la importancia de los trabajos de mantenimiento en las líneas eléctricas y el sistema de alcantarillado pluvial. No es para salir corriendo cada vez que nos visita un fenómeno atmosférico. El mantenimiento debiera ser una tarea de rutina, que tenga un ritmo constante todo el año.
Agrias situaciones ha tenido el país con experiencias de alto riesgo, combinadas con tapones, zonas inundables, deslizamiento de tierra y apagones kilométricos.
Las armas deben ser: determinación, disciplina y compromiso; para que esta ciudad de azúcar, no se nos derrita encima.