Bitácora de un depresivo

Bitácora de un depresivo

Bitácora de un depresivo

Lloré desconsoladamente cuando aquel doctor de muy avanzada edad me indicaba antidepresivos. Presionada por la idea: ¨Quién va al psiquiatra está loco¨, asumí una imagen subvalorada de mi persona. A partir de ahí, todo ha sido un camino sin retorno, sobre un padecimiento que aún la propia ciencia no explora en su totalidad al tratarse del órgano menos conocido: el cerebro.

La depresión es una enfermedad o condición (como quiera llamarse) en la que nuestro cuerpo, en este caso nuestro cerebro, deja de producir las hormonas que producen el bienestar, como la serotonina y la dopamina.

Hay factores externos que pueden activar la depresión en personas con una predisposición genética, como es mi caso y en ocasiones puede suceder sin ninguna razón aparente, es decir, puede tocarle a cualquiera; de eso se trata la depresión, en sentir un nivel de angustia y profunda tristeza a pesar de no tener ningún factor causante.

Los efectos causados por la depresión pueden llegar a niveles que en mi experiencia no pueden ser expresados por palabras: no es una simple tristeza, está más allá de esa emoción que sentimos cuando algo malo nos pasa; es sentirte atrapada más allá de los umbrales normales de tristeza, angustia, ansiedad, desesperación, preocupación y llanto.

La depresión y ansiedad son enfermedades mentales porque se generan por una deficiencia en el órgano que regula nuestro pensamiento, sin embargo, lo que ocurre a nivel cerebral es tan químico, tan físico y tan concreto como lo que sucede cuando alguien padece cualquier otra enfermedad. La deficiencia de serotonina causa también síntomas físicos como el agotamiento, presión en el pecho, poca energía y puede llegar a ser totalmente incapacitante para la vida diaria.

A diferencia de otras enfermedades, los depresivos nos vemos forzados a actuar como si no tuviéramos la enfermedad. Expresar discapacidad por una enfermedad física es totalmente comprensible, pero expresar discapacidad por depresión es algo que puede prestarse a múltiples consecuencias sociales para nosotros.

Ser depresivo implica una soledad, a pesar de estar acompañado. Una recomendación que hacen los terapeutas es crear un círculo de apoyo que conozca el padecimiento, sin embargo, aunque tengan la intención de apoyarte y ayudar, se ven influenciados por el estigma y la desorientación al momento de saber la forma de tratar y ayudar a una persona depresiva.

El mayor estigma es asociar la depresión, la ansiedad y otros trastornos mentales con la demencia. Esta es una carga que llevamos en nuestros hombros los depresivos y lo que nos impide revelar lo que somos, porque estamos totalmente conscientes de nuestra condición y lo que conlleva, esforzándonos siempre por evitar ir en contra de ese positivismo y productividad tóxica que impide la sociedad.

El alto costo de las terapias y medicamentos es un gran iceberg que derribar. La falta de acceso a los tratamientos agrava la condición y corresponde un gran déficit económico para los pacientes, quienes por lo general cubrimos por sí solos el tratamiento para no sentirnos aún más, una carga para los demás. Mi gasto en salud mental mensual alcanza, dependiendo del mes, entre 10 mil y 15 mil pesos, mi familia se pregunta constantemente a dónde va mi dinero. ¿Cómo una persona con sueldo mínimo podría costear un tratamiento? Es algo que no podría siquiera imaginar.

Perder el interés por las cosas que disfrutabas, sentirte muerta en vida y a la vez salir al mundo cada día fingiendo que estás en completo control y que puedes con todo, es una armadura que estalla cuando nos encontramos solos, cuando la almohada que absorbe nuestras lágrimas es el único consuelo.

A todo esto, se añade un componente, la depresión mayor resistente al tratamiento, un trastorno depresivo grave que no mejora incluso después del tratamiento con al menos dos antidepresivos en dosis suficientes y durante un período de tiempo suficiente. Yo soy resistente al tratamiento, lo que ha llevado a mis especialistas a ofrecerme otras opciones de tratamiento, todas consideradas de alto costo.

La depresión y ansiedad no es compatible con el estrés por lo que una vida exigente y productiva como la mía conlleva enormes esfuerzos para cumplir con las actividades de cada día. Como profesional activa he tenido que abandonar y flexibilizar muchas de mis actividades, pero nada parece ser suficiente. ¿Qué más me quitará la depresión? Es lo que me pregunto cada día, si ya se ha llevado de mi todo lo que puede hacer una vida normal.

Unos 280 millones de personas viven con este trastorno emocional, lo que convierte a la depresión en una de las enfermedades mentales más frecuentes que puede llevar al suicidio y que se ha convertido en la segunda causa de muerte entre personas de 15 a 29 años.

Con una de cada cien muertes, el suicidio sigue siendo una de las principales causas de muerte en el mundo, según la Organización Mundial de la Salud (OMS). Cada año, mueren más personas a causa del suicidio que por el VIH, la malaria o el cáncer de mama, o que por la guerra y los homicidios.

De acuerdo con las Estadísticas Sanitarias Mundiales 2019 de la OMS, 97.339 personas murieron por suicidio en las Américas en 2019 y se estima que los intentos de suicidio pueden haber sido 20 veces esa cifra. Las investigaciones muestran que más del 95 % de las personas que se quitan la vida tienen depresión, es fácil entender por qué los casos de suicidio han aumentado.

Las cifras confirman que en el país se ha registrado un incremento en el número de casos desde el año 2020 al 2021. En concreto, se registraron 670 suicidios en el 2021, una cifra que representa una subida de 12.1 % con relación al 2020 (597) y que es la mayor desde el año 2007, según datos de la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE).

Cuando una persona se suicida, puedo entender perfectamente aquello por lo que estaba pasando para tomar esa decisión. Yo espero ganar la batalla, porque la depresión tiene cura y no debe ser una sentencia de muerte.

Es necesario desmontar la idea de que la salud mental está por debajo de la salud física. Ambas son importantes y la ausencia de ambas puede ser incapacitante.

 

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