Viernes, 19 de octubre, 2018 | 1:08 am

Aparentismo Democrático: Las democracias latinoamericanas son una ficción



Por Manasés Sepúlveda

Aparentismo democrático lo considero como un fenómeno sociopolítico que ocurre en los sistemas principalmente latinoamericanos, en el que la democracia es una ficción: está en sus constituciones y leyes adjetivas sólo en el papel.

En esta pseudo democracia las “instituciones democráticas”, no funcionan, el ejercicio de la ciudadanía está restringido y los políticos gobiernan para sus propios intereses ante ciudadanos poco empoderados y despojados de toda iniciativa para cuestionar el ejercicio del poder político.

Más aún en estas democracias aparentistas, con todos los vicios que conlleva tales  como  los fraudes electorales, la demagogia el uso de los recursos públicos para el clientelismo en la búsqueda de votos, provoca que el pueblo como entidad colectiva aparentemente constitucional y con derechos esté prácticamente nulo y sin capacidad para tener injerencia en las decisiones que toman las autoridades que fueron “electas”.

Fíjese amigo lector que pongo la palabra “electas” entre comillas porque en estas democracias no suelen existir realmente electores sino simplemente votantes. Para los políticos esas masas manipuladas por los instrumentos de poder como el amplio uso de los recursos públicos para  propaganda, compra de consciencias, reducen la capacidad del ciudadano a elegir.  Es entonces como “votar” se convierte en  un puro acto mecánico, en el cual salvo algunos casos, la capacidad crítica del votante es anulada.

Es paradójico para muchos que líderes políticos  obtengan millones de votos, pero eso no significa que los que obtengan una amplia votación sean necesariamente los mejores.

Para que ocurran unas elecciones  con verdaderos votantes electores, se precisa y es indispensable que las reglas de juego estén claras, es decir, los organismos electorales sean confiables, que haya equidad en las campañas electorales en cuanto al uso de recursos y lo que es vital: la democracia interna de los partidos.  Sin esas condiciones, es posible que tengamos a un colectivo social que paradójicamente “vota pero no decide”

Aunque no estemos de acuerdo del todo, recuerdo la famosa expresión del escritor argentino Jorge Luis Borges que dijo lo siguiente acerca de la democracia: “La democracia es una superstición, basada en la estadística. Toda la gente no entiende de política, como no podemos entender todos de retórica, de psicología o de álgebra”.

El escritor se quejaba básicamente de que la democracia era entendida como la influencia de la  mayoría numérica y mecánica, pero incapaz de comprenderla. La mayoría se convierte entonces en  un dato estadístico, una masa contada con el fin exclusivo de que los políticos lleguen al poder, lo que a todas luces es evidente.

Todo lo anterior explica el por qué el hecho sociopolítico del aparentismo democrático esté presente en los sistemas políticos latinoamericanos.  Entre los líderes políticos y de otras esferas sociales, el pueblo está anulado y las instituciones del Estado están únicamente al servicio de sus aspiraciones.
Ya tenemos generaciones bajo ese modelo y para que este desaparezca se hace necesario aumentar el nivel de participación popular en la toma de las decisiones políticas, junto  al ejercicio de una ciudadanía consciente. Esto parece una utopía pero  es lo más cercano a la construcción de una verdadera democracia: que el pueblo no sea simplemente un dato estadístico.

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