Zapatero…

José Báez Guerrero
José Báez Guerrero

Es absurdo dudar de las mejores intenciones de los obispos que integran la Conferencia del Episcopado Dominicano al referirse a cualquier asunto fuera del ámbito espiritual o religioso.

Con el auxilio del Espíritu Santo, históricamente la Iglesia ha demostrado su compromiso con muchas de las mejores causas, guiada por el Evangelio.

Sin embargo, como humanos al fin y al cabo, al referirse a cuestiones científicas, económicas o políticas, nuestros pastores a veces opinan sin suficiente conocimiento técnico o adecuado asesoramiento, extrapolando experiencias que poseen notorias diferencias.

Por ejemplo, su acertada defensa del medio ambiente y la integridad ecológica de las cuencas hídricas merece aplausos y apoyo. Igualmente su denuncia de la irresponsabilidad de las autoridades medioambientales, de energía y minas, de agricultura e industria y comercio, ante el estado catastrófico del lago de la presa de Hatillo, principal reserva de agua del país.

Pero de ahí a oponerse al aprovechamiento racional de las riquezas minerales con que Dios bendijo a nuestra nación, hay un trecho tan tortuoso como del Cielo al Purgatorio. Toda actividad humana implica riesgos, que las leyes deben regular.

Sin minería, los ornamentos litúrgicos serían de madera, cuyo corte también afecta la ecología. No habría energía para iluminar los templos, escuelas y hospitales. Volveríamos a una civilización más atrasada que cuando el Verbo se encarnó. Afortunadamente, la Pastoral de Ecología y Medio Ambiente del episcopado aboga por un “desarrollo nacional integral sustentable” y “políticas que armonicen el progreso con la protección ambiental”.

Esa sabia brecha ofrece al Gobierno la oportunidad de complacer a la Iglesia sin detener el desarrollo minero responsable, indispensable para combatir la pobreza, financiar la educación y la salud públicas. Ojalá nadie diga “zapatero a tus zapatos”, porque pese a que la Tierra no es plana ni el centro del Universo, la autoridad moral de la Iglesia merece respeto. Eppur…