Vocaciones al sacerdocio¿Quién quiere ser cura?
Hay que revisar el reclutamiento para entrar en el seminario, pues la forma como se ha hecho hoy resulta contraproducente, ya que muchos de los jovencitos (adolescentes) que entran no perseveran, no se quedan.
Solamente perseveran aquellos que tengan los carismas espirituales requeridos por el sacerdocio de hoy. Y serán contadísimos.
Cómo ha sido el proceso de los que hoy son sacerdotes: – Siguen una tradición familiar (familias cristianas).
– Han vivido encerrados en los seminarios y noviciados.
– Mantenidos en la retaguardia.
– Sutilmente presionados para que no flaquearan (poner la mano en el arado no puede echar para atrás).
– Muchos ven la cara de la tía, las lágrimas de su madre, el gesto serio de su padre, la desilusión de la señora rica que le ha pagado sus estudios hasta ese momento, o la reprimenda del sacerdote que lo recomendó.
– Pero a medida que el seminarista madura, esos argumentos van perdiendo fuerzas y cuando tienen que tomar una decisión, la toman.
¿Qué tipo de jóvenes, muchachos, entran en el seminario?
a) Los que vienen de sociedades y familias con grandes tradiciones cristianas, donde las costumbres y el pensamiento moderno no se han desarrollado y no se cuestiona la problemática socio-religiosa y mucho menos los valores tradicionales. Pero no tardarían mucho en sentir una fuerte crisis. b) En un número mucho menor, aquellos que pertenecen a una nueva era, y se puede decir a una nueva Iglesia. Aquella con una imagen de servicio de acuerdo con el mundo moderno. Aquellos que conociendo, aunque no del todo, el proceso deshumanizante que van a pasar, por tener un carisma especial están dispuesto a pasar por ese proceso y sobrepasarlo una vez terminado.
Ellos pasarán muchas crisis, pues el sacerdocio que se provee no está del todo perfilado.
Estos jóvenes van a proceder (a venir) no de grupos angélicos, donde la pureza, la resistencia a la tentación, la huida del pecado y aún la vida en gracia son el motor principal de sus vidas, sino de movimientos especializados que han hecho de ellos, a través de su militancia, verdaderos sacerdotes para el mundo pagano donde se desenvolvían.
Ellos saben que su papel principal no será ser repartidores de sacramentos, sino ser expositores y testigos vivientes del mensaje de Cristo. Serán verdaderos servidores de sus hermanos en el campo en que les haya faltado, no precisamente en el templo, sino donde haya faltado.
Jóvenes que saben lo que es haber tenido una novia, que saben lo que es bailar, lo que es tener una verdadera amistad con personas de otro sexo, que han sentido lo que es ser tentado, que saben lo que es la vida del trabajo, porque han tenido que ganarse la vida trabajando.
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