Virus y antropología militar

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Wilfredo Mora
Wilfredo Mora

Los conocimientos antropológicos son sencillos, pero no siempre fáciles. La función militar del Estado deriva de una experiencia diferente.

Pero, si hay algo que necesita el gobierno antes de aplicar su plan de acción frente a la epidemia secular del coronavirus es tener un acertado instructivo o manual para realizar trabajo de campo antropológico militar.

Un vistazo a la forma de cómo otros gobiernos están utilizando sus fuerzas militares podría ayudar al nuestro a adoptar un modelo adecuado. Vivimos el 2020 y el país no cuenta con antropólogos conocedores del Estado, ni de la guerra, ni de situaciones parecidas a una cuarentena, como el actual teatro de operaciones, traída por el coronavirus.

Comprobado que el Programa “Quédate en casa” no va a ser suficiente, dediquémosle, pues, esas reflexiones, que no se detienen por las noticias que llegan de los cables internacionales, donde también se observa que los militares no tienen más alternativas que actuar de manera frontal.

Se espera que éstos cumplan como se espera su labor de contención y apoyo a la pandemia. Aunque las noticias no son buenas.

Lo grave ahora no es el exceso policial contra la población, sino que evitar que se encienda más el contagio mediante detenciones sumarias y arbitrarias; o que se propicie la violencia y el virus, en vez de controlarlo.

La epidemia apunta a la dimensión cultural (el ejército) y termina en la dimensión biológica de la muerte (cuarentena, o período de incubación menor a los 40 días) como mecanismo de control. Esta ceremonia, sea del patio trasero del Palacio Nacional o sea del sistema de salud, son los contenidos del toque de queda.

El toque de queda es el lugar del estado de excepción decretado por el gobierno (ver decretos no. 87-20 y 134-20). Esta situación de prohibición o restricción de libre circulación (salvo excepciones de necesidad o urgencia) es legal, es buena y es protegida por los derechos humanitario y constitucional.

Su cumplimiento está a cargo de las instituciones policiales y fuerzas armadas, quienes supervisan e informan al Ejecutivo sobre los episodios de interés y otros resultados. Es decir, sobre la cuarentena.

La antropología es un arma metodológica de los militares y en los casos de toque de queda, allí donde se logre integrar a la antropología de seguro se podrá tener una orientación más clara al enfrentar a la población sitiada y potencialmente violenta. Las “unidades policiales y militares” que se dispongan vencer las situaciones a la que se enfrenta no pueden ignorar esta función de la antropología operativa.

El fin del toque de queda es vencer al virus. La razón que obliga entonces a los militares a actuar es a través de un manual elaborado previamente por las autoridades médicas a cargo (policía médica), es para no correr el riesgo de “interpretar erróneamente los actos de la población local”, y cumplir con las metas epidemiológicas.

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