Santo Domingo.– La vida en edificios de apartamentos se ha convertido en un “infierno” para muchos condóminos, desde los estratos sociales más bajos hasta los más encumbrados, situación que daña la sana convivencia de los residentes.
El principal problema en la mayoría de los casos es la irresponsabilidad de dueños e inquilinos de no pagar las cuotas de mantenimientos y falta de sentido común; las ocupaciones de parqueos y uso de áreas comunes han generado hasta muertes en la Capital y otros lugares del país por las discusiones que se suscitan.
La tenencia de animales sin control, dígase perros y gatos, pese a que está prohibido en la mayoría de edificios, es otro de los males que con frecuencia enfrentan a los ocupantes.
Estupefacientes
Se da a menudo el uso de estupefacientes que afecta la salud de los vecinos cuando el humo se expande por las ventanas de habitaciones y balcones; ruidos estridentes por música que sobrepasan los 60 decibeles y el uso de taladros y mandarrias en remodelaciones, en horarios no permitidos.
Una práctica recurrente es el alquiler de las unidades en la modalidad de Airbnb o corta estadía, que acarrea intranquilidad e inseguridad ante la entrada de personas extrañas.
“Otro problema es la colocación de los acondicionadores de aire y basura; el descuido y limpieza de las áreas verdes e interiores, la caca de las mascotas, el uso común de las tuberías que muchos vecinos no quieren asumir cuando hay filtraciones y escapes de agua de los baños y fregaderos; además, cuando se tapan trampas de grasa y pozos sépticos, nadie quiere contribuir”, reveló una vecina del condominio San Gerónimo, en la Ciudad Universitaria.
Afecta servicios
Dado el crecimiento urbano acelerado que registra el país, en especial el Gran Santo Domingo, y la tendencia a la construcción de más de cinco niveles, se han incrementado los problemas de convivencia.
Específicamente por la falta de pago del mantenimiento, se afectan terriblemente las administraciones a la hora de saldar la energía eléctrica, agua, gas común, basura, seguridad, nómina de empleomanía y eventualidades como el arreglo de ascensores cuando estos se dañan.
Eso obliga a que unos pocos carguen con la mayor responsabilidad de garantizar esos servicios y tener que pagar cuotas extras en ocasiones para responder a las exigencias de llevar una vida menos traumática, evitando suspensión de servicios.

Murió sufriendo goteo
Elva García, promotora de venta y renta de inmuebles por más de 20 años en el GSD, percibe una mala gestión de convivencia entre propietarios o inquilinos.
“Yo tuve una triste experiencia de un abogado en Gascue, que siendo propietario de un segundo piso, penosamente perjudicaba a una señora con un goteo que nunca arreglaba, y la vecina de abajo tuvo que convivir con una cubeta entre la cocina y área de lavado hasta que murió; él nunca lo arregló. Ella le decía: ‘Tengo un plomero para resolver’, y cuando subían daba una contraorden”, comentó Elva García. Precisó que en muchos casos los afectados acuden a tribunales en busca de soluciones. Narró que las filtraciones en ocasiones van de un cuarto a un primer piso; en el caso de los de Airbnb se enteró de que vecinos apoderaron a un abogado para impedir ese tipo renta. La de los afectados pide omisión de sus nombres para evitar represalias entre vecinos.
La gran pregunta: ¿y las autoridades a cargo de las soluciones de conflictos, ¿dónde están?
Debe RD$15 millones
Entre las experiencias contadas, EL DÍA se enteró de que en una de las tres exclusivas torres de Malecón Center, un propietario ya debe RD$15 millones en mantenimiento acumulados desde hace cinco años, y está a punto de perderlo ante acciones legales que lleva a cabo la administración.
“Aquí el problema es que no cubren por completo la cuota de mantenimiento a tiempo y se acumulan atrasos inmanejables, lo que afecta a la administración a la hora de saldar luz, basura, seguridad y TSS”, comentó un condómino, quien indicó que allí las cuotas de mantenimiento oscilan entre 5 y 35 mil pesos, dependiendo de los metros cuadrados del apartamento o espacio comercial. Significó que, mientras tanto, en el complejo que opera una plaza comercial y hotel, se ven afectados un buen grupo de gente que tienen que pagar cuotas extraordinarias y asumir aumentos para poder cubrir las necesidades mencionadas.
Otras quejas
En el Residencial Villa Progreso, del ensanche La Fe, comunitarios se quejan de que la gente de arriba tiran agua al limpiar y al regar las plantas ornamentales, afectando a los de la parte más baja; también deploran del tendedero de ropas en las ventanas frontales, lo que afea la visual del edificio.
Las quejas por ruido y uso de estupefacientes se repiten entre vecinos del Residencial Doña Carmen, en la Jacobo Majluta; como además se añade el problema de los anexos ilegales, un ejemplo de esto se registra en el edificio Curvo, de la Ciudad Colonial.
“Aquí tenemos el problema de no contar con junta de vecinos, somos más de 25 familias, entonces nadie paga la luz común, no se puede limpiar ni pintar y los conflictos por los parqueos son el día a día”, reveló un entrevistado.
José Horacio insta a que gente revise reglamento
Ante estos conflictos, el exdiputado José Horacio Rodríguez, por Opción Democrática, exhortó a quienes piensan comprar o rentar en un condominio revisar el reglamento, que lo debe aprobar Registro de Títulos, que es como un contrato, que es ley entre las partes, para saber lo que se acepta o no.
“Así se percata sí se permiten mascotas, alquileres de corta duración, quienes tienen la autoridad y definen las reglas de convivencia, fijan las cuotas de mantenimiento y ese tipo de cosas muy importantes”, puntualizó.
Dijo que quien adquiere o se muda en ese tipo de viviendas acepta las reglas y no puede alegar ignorancia de las leyes de ese micromundo.
Falta de Educación— Arrastran objetos
En el condominio Mar y Sol, en Bella Vista, se quejan de la mala educación de gente que taconea o arrastra muebles en horas de la noche. En edificios que cuentan con piscina también se deploran el ruido y entrada de particulares.