¿Viviendas o almacenes de personas? La vida detrás de los grandes complejos
- Ofrecen apartamentos para miles, pero espacios para pocos. Incumplimiento causa conflictos.
Santo Domingo.- Miles de familias dominicanas han logrado acceder a una vivienda propia durante los últimos años gracias al auge de los complejos habitacionales de bajo y mediano costo.
Sin embargo, detrás de la satisfacción de tener un techo propio emerge una realidad poco discutida: la calidad de la vida comunitaria dentro de complejos que albergan a cientos o miles de personas.
En numerosos de estos complejos residenciales, especialmente los dirigidos a sectores de ingresos medios y bajos, decenas de edificios concentran una gran cantidad de apartamentos en espacios relativamente reducidos.
Durante el día, gran parte de esos hogares permanecen vacíos, ya que sus residentes salen temprano hacia sus lugares de trabajo y regresan entrada la tarde o la noche, después de enfrentar largos desplazamientos y congestionamientos vehiculares.
Algunos urbanistas advierten que muchos de estos desarrollos terminan funcionando como almacenes de personas: lugares diseñados principalmente para habitar, pero con escasos espacios destinados a la convivencia, el ocio y la integración social.
Aunque muchos incluyen áreas recreativas, parques infantiles o pequeñas zonas comunes, estas suelen resultar insuficientes para la cantidad de residentes que deben compartirlas.
En otros casos, la falta de mantenimiento provoca que dichas instalaciones se deterioren rápidamente y terminen abandonadas pocos años después de la entrega de las viviendas.
Los complejos de mayor valor económico suelen ofrecer amenidades más atractivas, como piscinas, gimnasios, canchas deportivas y salones multiusos.
Sin embargo, a medida que aumenta la ocupación, esos espacios también comienzan a verse limitados frente a la creciente demanda de los residentes.
Aislamiento social
Más allá de la infraestructura, existe otro fenómeno menos visible: el aislamiento social. Paradójicamente, miles de personas viven pared con pared sin llegar a conocerse.
La rutina diaria deja poco margen para la interacción. Muchos residentes salen de sus hogares antes del amanecer y regresan cuando cae la noche, reduciendo las oportunidades de construir relaciones con sus vecinos y fortalecer el sentido de comunidad.
Además, surgen otros conflictos relacionados con la convivencia social, como disputas por estacionamientos, el uso inadecuado de áreas comunes, conexiones ilegales a la energía eléctrica de otros residentes y desacuerdos por la tenencia de mascotas y música a alto volumen, una práctica que no está permitida en muchos complejos habitacionales.
Estos problemas suelen generar tensiones entre vecinos y representan nuevos desafíos para la administración y la armonía comunitaria.
Especialistas en desarrollo urbano sostienen que una vivienda digna no debe limitarse a cuatro paredes y un techo, sino que, también debe incluir espacios que promuevan la convivencia, la recreación, el deporte y la construcción de tejido social.
Como Ciudad Juan Bosch
Un ejemplo frecuentemente citado es Ciudad Juan Bosch, un desarrollo que ha apostado por complementar las viviendas con una amplia red de espacios públicos.
Allí se han construido parques, áreas recreativas, canchas deportivas, un estadio de béisbol y un anfiteatro para actividades culturales y comunitarias.

En marzo pasado, el presidente Luis Abinader inauguró un moderno complejo deportivo dentro de Ciudad Juan Bosch con diferentes instalaciones.
Convivencia
— Infracciones
Algunos residentes en uno de estos complejos coinciden en que la convivencia es de los principales inconvenientes debido a que algunos vecinos no se acogen a las normas establecidas, lo que provoca enfrentamientos.
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