VI- Interés de lo material por encima de lo espiritual
Si uno de los pecados grandes de los sacerdotes es el interés por lo material, no menos lo deja de ser el desinterés por lo espiritual.
Desinterés por conocer personalmente a cada una de sus ovejas. Desinterés por conocer sus problemas. Desinterés por ayudarlos en sus dificultades. Desinterés por irlos a visitar en su propia casa.
Se hacen muchos censos para imponer tributos, para tener al día la lista de los que contribuyen, pero nunca para saber la realidad concreta de la parroquia, de cada familia, para saber el número de enfermos que tenemos que visitar, saber el número de cristianos alejados que tenemos que acercar, para saber el número de niños que no vienen a la escuela o a la catequesis.
Casi todo el interés se basa atender a la gente pudiente; y los pobres y para los pobres la migaja del tiempo o lo que sobra.
La mayor parte de los sacerdotes viene de la clase baja, pero su formación y su trabajo se dirige a la clase media o a los de arriba; se ponen al servicio de la clase superior y se divorcian de las clases populares.
Otros sacerdotes les ha dado con el afán de ser constructores, sacerdotes metidos a financieros, metidos de banco en banco buscando quien les preste o les dé dinero para construir.
El sacerdote debiera hacer eso cuando sea absolutamente necesario y represente un gran bien para la Iglesia y no haya quien lo pueda hacer.
El problema es que muchos sacerdotes después de haber construido el templo quedan incapacitados para el Evangelio. El corazón se ha convertido en cemento, ladrillo, y han construido una pared entre ellos y el pueblo.
Otros tienen un afán por decir misas, sin negar la importancia de la eucaristía, muchos sacerdotes llegan a la capilla, a la iglesia, con el tiempo medido.
Confiesan, celebran los bautismos y en el sermón tocarán lo relativo a los fondos y a las colectas para construir la nueva capilla.
Acaba la misa y se desaparecen hasta el domingo próximo; muchas de esas iglesias no se abrirán durante toda la semana. Pero se ha dicho la misa.
A pesar de toda buena voluntad el sacerdote se convierte así en un funcionario que trae una mercancía. La misa así no sirve. No llena ninguna necesidad.
La misa no tiene ningún contenido, ningún sentido.
La misa, siendo un valor en sí, se convierte en una mercancía que no trae al comprador.
¿Quiénes vienen? Gente piadosa, buena, amiga de seguir las tradiciones, son aquellas gentes que no quieren cometer un pecado moral dejando de venir. Se podrá notar la ausencia de los jóvenes.
Si decir misa así es la tarea de un sacerdote, se podría decir que está perdiendo su tiempo. Lo primero que hay que hacer es evangelizar.
Este es el precio que la Iglesia tiene que pagar por haber obligado con ley lo que únicamente puede ser decidido por Amor.