Urge poner freno a los abusos de Uber

José Miguel de la Rosa
José Miguel de la Rosa.

Lo que está ocurriendo con la plataforma Uber es preocupante.
Desde hace años son frecuentes las denuncias de usuarios que reportan cobros indebidos o “viajes fantasmas”, conductores que no finalizan el trayecto correctamente y el uso de rutas más largas para inflar tarifas.

A esto se suman cargos por supuesta espera o cancelaciones injustificadas, así como la práctica de dejar el viaje abierto para aumentar el costo final. Con los pagos en efectivo parecería haber mayor seguridad, pero no es así.

Bajo esta modalidad también surgen irregularidades: algunos conductores no reportan el pago y el usuario queda con una deuda en la plataforma que no reconoce, lo que le impide solicitar nuevos servicios hasta saldarla. Estas prácticas no sólo se limitan al transporte, sino también al servicio de entrega de comida de Uber Eats.

En este caso, algunos repartidores reportan entregas que nunca realizaron o aseguran haber llegado al destino sin hacerlo.

El resultado es que el cliente pierde tanto el pedido como su dinero. A esto se suma la frecuente llegada de órdenes incompletas.

La empresa Uber Technologies establece en su política de ética que “la transparencia es fundamental para una cultura ética” y que existe un compromiso con la integridad en los niveles más altos.

Sin embargo, estos lineamientos parecen diluirse en la práctica cotidiana. Una empresa con presencia global, que ha construido su reputación sobre la confianza, no puede permitirse estas grietas.

Tampoco se percibe una respuesta firme de las autoridades dominicanas, como el Instituto Nacional de Tránsito y Transporte Terrestre (Intrant), que hasta el momento no ha asumido un rol visible frente a una problemática que se repite con insistencia.

Esto no pretende desmeritar a la empresa ni colocar a todos los conductores en el mismo saco. Son miles los que trabajan con dignidad y responsabilidad. Pero basta con que unos pocos actúen de manera deshonrosa para erosionar la confianza de todos.

Al final, el problema no es sólo tecnológico ni operativo por parte de Uber: es de confianza.
Y cuando el usuario comienza a subirse a un servicio con más dudas que certezas, la plataforma deja de ser una solución y empieza a convertirse en un riesgo.

Sobre el autor

José Miguel de la Rosa

Egresado de la carrera de Comunicación Social, mención Periodismo, por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). Posee diplomados en comunicación política, periodismo de datos, periodismo digital, entre otros. Cuenta con más de 13 años de experiencia en el ejercicio periodístico, con cobertura en fuentes clave como el Palacio Nacional, Congreso Nacional, Junta Central Electoral (JCE), justicia, educación, política, policiales, temas comunitarios y económicos, entre otros. Ad...