Una segunda opinión

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Una amiga la pasada semana sintió un proceso intenso en una de sus mamas, ya hace unos meses que le diagnosticaron quistes, pero ella postergó el seguimiento a los mismos, de ahí que ante un movimiento extraño en su seno se fue corriendo al médico, quien acertadamente le recomendó una batería de estudios clínicos.

Con la sonografía en las manos el hombre con muy mala cara le dijo: “Esto está muy mal, vamos a internarla inmediatamente porque hay que operar”.

Ella, al borde del colapso, suponiendo que su tiempo estaba contado, y sostenida por el mismísimo Dios, le dijo al médico que no podía hacerse el electrocardiograma y otros análisis necesarios para la cirugía ese día, pero sí al día siguiente. Y así lo acordaron.

Al llegar a uno de los canales de televisión donde laboro y saludarla, la mujer se desplomó en lágrimas y comenzó a relatar la experiencia. Como mi “corazon es de piedra”, según decía mi madre, le dije con el mayor desparpajo: “Cálmate, y vete a otro médico y que te reevalúe”.

Tras hablar con el presidente de la Fundación Renacer, Miguel Cotes Juliao, y explicarle la situación, él la remitió a un oncólogo en Hospital Docente Padre Billini. Según este especialista la mujer tiene quistes radiolúcidos que producen líquido, el cual fue extraído y deberá ser revisada en un par de meses, mientras sigue algunas recomendaciones. Pude sentirle la alegría a través del teléfono cuando hablamos. La vida volvió a su cuerpo.

Conclusión: No importa que le digan que le quedan dos minutos de vida, primero piense que existe algo más grande que todo, después busque una segunda opinión, porque son muchos los charlatanes, oportunistas y mercenarios que se aprovechan de la desesperación y la “ingenuidad” de los que menos saben.

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