El destacamento policial de San Cristóbal donde a principio del mes pasado fue detenido Miguel Antonio Lucas Valenzuela, que moriría unos días después en circunstancias que todavía mueven el interés de la opinión pública, llama de nuevo la atención, esta vez con dos casos de la denominada viruela símica, una afección viral de la que han sido tratados muy pocos casos en el país.
El deceso de Lucas Valenzuela fue atribuido a una infección de leptospirosis, un contagio que puede ser mortal si no es atendido a tiempo, vinculado a excretas de animales.
Hasta donde es sabido, la forma de viruela que ha brotado en un destacamento es de manifestaciones clínicas dolorosas, extendidas y socialmente inquietantes, pero no mortal.
La población, en realidad, sabe poco de esta enfermedad. Estos dos casos detectados en San Cristóbal no son los primeros. En medio de eventos en varios países como el que ahora ha tenido lugar en San Cristóbal, fueron registrados cinco casos en el país hasta el verano del año 2022.
Llama la atención este brote en un momento de baja actividad en el mundo del virus que produce esta viruela, que como hemos señalado en un párrafo precedente, no es mortal, pero puede tener efectos debilitantes en lo personal, así como un ausentismo laboral importante.
Las condiciones de higiene en el destacamento de San Cristóbal, en el que han tenido lugar estos dos eventos relacionados con la salud de las personas, deben ser reforzadas.
No hay que poner de lado, por cierto, que somos un país expuesto en el plano internacional por la posición geográfica, que en muchos casos nos convierte en un conector de viajes, y por el liderazgo del negocio turístico en el Caribe isleño, sensible como todos los negocios del sector de la felicidad. Desde el pasado año 20, la población mundial ha pasado a ser muy susceptible ante asuntos de salud, particularmente si se trata de virus.