La violencia sigue lacerando a los jóvenes de nuestro país. Se está ensañando con su presente y con su esperanza. Una violencia que no discrimina a ricos ni a pobres apunta contra la población que constituye el bono demográfico que determinará el futuro económico de República Dominicana a mediano plazo.
Las vidas de nuestros jóvenes se están perdiendo en las garras de la violencia. Consterna que la mayoría de las personas que mueren por homicidios sean jóvenes entre 15 y 35 años. Este grupo constituye el 60 % de los homicidios registrados en el país según el Boletín sobre juventud.
Son fruto de la violencia los hechos estamos viendo en los últimos días, los cuales son altamente preocupantes y nos mueven a reflexión sobre la raíz de estos males.
El mal manejo de los conflictos es una de las causas de la violencia. El caso que Emanuel Contreras evidencia una muerte que pudo haberse evitado si se hubiera abordado la situación de forma pacífica y con una comunicación asertiva.
También debemos preguntarnos cómo una persona o un sector de la comunidad pueden llegar a la conclusión de que una vida vale menos que un celular o que es mejor acabar con un supuesto ladrón en vez de entregarlo a la justicia. Asimismo, preguntarnos por qué por una cosa material se pueden perder los estribos hasta llegar al fracaso existencia que implica cobrarse la vida de otra persona.
El caso del joven Gustavo Mejía-Ricart también refleja como la violencia sigue siendo el medio de vida de jóvenes que buscan su sustento en la delincuencia y la ilegalidad incluso cobrando vidas y dejando en luto a familias dominicanas.
La violencia no puede ser la forma de resolver los problemas económicos o de relaciones de los jóvenes. La violencia es la expresión extrema de la irracionalidad y la inhumanidad. Ninguna razón justifica la violencia. Ninguna situación amerita violencia.
Esta sociedad no va a cambiar si no profundizamos y curamos de raíz los males que nos afectan. La violencia no se puede normalizar. Nadie quiere ver a sus hijos perder sus sueños por una violencia descontrolada. Un antídoto contra la violencia es la educación en valores.
Educar para la paz y la tolerancia y en competencias ciudadanas no puede postergarse. Necesitamos jóvenes con competencias para la manejar la ira, para tener empatía, para respetar a otros aceptando las diferencias. Necesitamos jóvenes de paz que renuncien a toda violencia, porque, como dijo Isaac Asimov: “La violencia es el último recurso del incompetente”.