Una justa valoración

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El que las mujeres, la mayoría extranjeras, que desde hoy moverán sus despampanantes caderas en los diferentes estadios ganarán cinco o seis veces más que narradores, comentaristas y locutores, es algo que no debe extrañar absolutamente a nadie.

Desde hace años, los propietarios de equipos irrespetan a los profesionales que se encargan de llevar a los fanáticos las incidencias del juego.

Sin embargo, hay que decir sin pelos en la lengua, que los principales y quizá únicos culpables de esa penosa y lastimera situación, son los propios comunicadores que no se dan a respetar ni un ápice.

Que quieren estar narrando y comentando por el simple hecho de decir que están en las transmisiones de radio y televisión.

Que no exigen nada, por el contrario, muchos son capaces de pagar para que los dejen o le consigan un trabajo en algún equipo.

Esa ha sido una situación que se ha venido arrastrando desde hace muchos años y nadie dice nada.

Si las muchachas que moverán las caderas en los estadios han sabido valorar su trabajo, sencillamente hay que felicitarlas, porque parece que su labor es para los dueños de equipos, mucho más importante que la de los comunicadores, muchos de los cuáles viven como verdareros turiferarios con los empresarios del béisbol profesional.

Por lo tanto, los que asistan a los plays que gocen como puedan de las frondozas caderas y movimientos de las chicas.

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