Una difícil situación

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Enfrentar el poder político y económico en cualquier país del mundo, pero en especial en los ‘bananeros’ y tercermundistas, como la República Dominicana, es difícil, casi imposible.

Los gobiernos arrasan como por arte de magia con todo lo que se le enfrente, no importa que viole reglamentos, disposiciones, leyes, y con más gusto la Constitución, que es diseñada para “todos”, pero que al final la aplican para satisfacer los intereses de unos pocos.

Nadie se imagina que en un país donde se respete a la ciudadanía, se extermine, se cercenen instalaciones de la categoría del Centro Olímpico, el Parque del Este, La Barranquita, los complejos de Barahona, San Pedro, San Francisco y La Vega, por solo citar algunos.

Que se dejen abandonados a “medio talle” decenas de multiusos.

Esas obras que parece que hoy a nadie les importa que estén en estado de deterioro, costaron decenas de millones de dólares, producto de préstamos, que pagan las presentes y futuras generaciones.

Entonces, ¿como es posible que estén abandonadas? Es un tema donde el poder político ‘se hace de la vista gorda’ ante la mirada indiferente de un país que está anestesiado en toda su estructura.

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El Día

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