Los motores que nunca llegó a ver Llenas Aybar, niño inquieto y alegre
SANTO DOMINGO.-El horror, el dolor y la curiosidad con algo de morbo es la receta perfecta para que sigamos procurando saber algo que no se sabrá en torno a Mario Redondo Llenas y Moliné Rodríguez, asesinos confesos del niño José Llenas Aybar en 1996.
Pero, ¿qué hay del niño al que no le permitieron llegar al segundo milenio y disfrutar de las medallas de Félix Sánchez, las sucesivas finales entre Tigres y Águilas, el triunfo de Martha Heredia en Latin American Idol o el Clásico Mundial de Béisbol…? Solo para citar algunos de los eventos que nos han unido como sociedad.
Su familia, se atrevió a colgar testimonios impersonales en una cuenta de Instagram denominada: @joserafaelporsiempre y con ellos como base, construimos un perfil de Llenas Aybar que hoy tendría cumplidos 42 años de edad (nació un 13 de febrero de 1984).

Llenas Aybar
Quien quería jugar en el recreo, sabía a quién buscar. Llenas Aybar era presencia garantizada en cualquier actividad física: el balonazo, el juego del pañuelo, la bicicleta, el bugy en la playa de Portillo, la tablita en el mar, el motorcito en casa de la abuela dando vueltas y haciendo maromas.
“En cualquier tipo de actividad física, José era el número uno”, recuerda alguien que lo vio crecer.
Una de sus travesuras más recordada era simple: se volteaba los párpados hacia adentro, exponiendo lo que debía estar oculto, y esperaba. “Me daba como asco y teriquito", recuerda una familiar, “y él se reía mucho viendo la reacción que causaba”.
No hacía travesuras por rebeldía. Las hacía por ingenio. Había una diferencia, y quienes lo conocieron la distinguían bien.

Debajo de toda esa energía y picardía, vivía algo más quieto: un niño genuinamente interesado en las personas. Le hablaba a todo el mundo. Se sentaba a escuchar. Hacía que cada quien se sintiera cómodo a su lado. “Tenía un corazón inmenso”, dice uno de sus amigos. “Era muy cariñoso, bien abierto”.
Lo recuerdan en el patio de la abuela como alguien capaz de convertir cualquier tarde en una aventura: atrapar mariquitas, comer cajuilitos en la mata, columpiarse cada vez más fuerte intentando tocar con los pies una mata de mandarinas que quedaba demasiado lejos.
“Con él no había momentos de aburrimiento”, dice una de sus primas. “Todo era una aventura”.
Treinta años después, esa misma prima confiesa que todavía se sueña con él. Y que esos sueños le traen felicidad.
Del otro lado
Y entonces están los del otro lado, sus captores y asesinos.
La imagen que evocan ambos también es triste, pero no despierta simpatías.
Los dos condenados por el crimen del siglo tuvieron vidas muy distintas dentro del sistema y salidas muy distintas al mundo.
Juan Manuel Moliné Rodríguez fue el primero en recuperar la libertad. El 5 de mayo de 2016, tras cumplir íntegramente su condena de veinte años, salió de Najayo-Hombres.
Al salir, declaró: "Yo actué de una manera equivocada, en una época en que yo era un adolescente, y mi falta de experiencia me traicionó”.
Su salida fue casi silenciosa comparada con la de su cómplice.
Redondo Llenas, en cambio, salió con el país mirando. Su liberación fue comentada, analizada y temida.
Durante su tiempo en prisión, Redondo se graduó de la carrera de Derecho, formó una familia y tuvo dos hijos, en un proceso de reinserción que, aunque contemplado por la ley, no ha logrado borrar el impacto del caso en la sociedad.
También estudió ciencias agronómicas y se desempeñó como facilitador de otros internos según sus propias palabras.
Las evaluaciones psicológicas realizadas a los acusados durante el proceso judicial arrojaron que Redondo no presentaba trastornos psicóticos ni desconexión con la realidad; por el contrario, poseía una capacidad intelectual elevada, lenguaje coherente y actitud colaboradora. Fue consciente de lo que hacía cuando lo hacía, ahora de lo que dice al decirlo.
Cierre de ciclo
— Judicial
Con la salida de Redondo se cierra, al menos en términos judiciales, uno de los episodios más estremecedores del país. Dos condenados. Cincuenta años de cárcel en total. Un niño que nunca llegó a ver los motores que le prometieron.
El país observa
—1— Sociedad
Ya en libertad, ambos condenados deberán medir hasta la respiración en sociedad a los fines de evitar malos entendidos vinculados a sus antecedentes.
—2— Marca
El caso queda reservado como uno de tantos casos que requirieron un mejor Código Penal, aunque para la fecha, todavía no era tema de discusión social.